Retrato de José de Espronceda, de Antonio María Esquivel

Antonio María Esquivel (1806-1857), Retrato de José de Espronceda, hacia 1842-1846. Óleo sobre lienzo, 72,5 x 56 cm. Cat. P-7991

Entre los pintores del Romanticismo español, Antonio María Esquivel fue uno de los más estrechamente vinculados con el movimiento literario, del que ofreció varios retratos de grupo, entre ellos su obra más importante, Los poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor (cat. P-4299). En ella aparecen los dos máximos poetas del primer romanticismo español, el Duque de Rivas y José de Espronceda (1808-1842), ya fallecido, en sendos cuadros colocados al fondo, pero en lugar destacado, de la reunión de poetas representada en el propio estudio del pintor.

Por ello, la adquisición de este retrato tiene especial interés para el Museo. En él, Espronceda aparece en la misma postura, representado de gran busto, cabeza ligeramente ladeada, con perilla y bigote. Viste levita de color castaño con cuello forrado de terciopelo y corbata de seda negra adornada por un alfiler de oro. El retrato muestra las características que reflejó después Zorrilla en su prosopografía del escritor: “La cabeza de Espronceda rebosaba carácter y originalidad. Su cara, pálida por la enfermedad, estaba coronada por una cabellera negra, riza y sedosa, dividida por una raya casi en el medio de la cabeza y ahuecada por ambos lados sobre dos orejas pequeñas y finas, cuyos lóbulos inferiores asomaban entre los rizos. Sus cejas, negras, finas y rectas, doselaban sus ojos límpidos e inquietos, resguardados como los del león por riquísimas pestañas: el perfil de su nariz no era muy correcto, y su boca desdeñosa, cuyo labio inferior era algo aborbonado, estaba medio oculta en un fino bigote y una perilla unida a la barba, que se rizaba por ambos lados de la mandíbula inferior. Su frente era espaciosa y sin más rayas que la que de arriba abajo marcaba el fruncimiento de las cejas; su mirada era franca […]” (José Zorrilla, Recuerdos del tiempo viejo. Tomo I, Barcelona, 1880, pp. 47 y 48).

En su interpretación, el artista atemperó algunos rasgos como el citado de la endidura de la frente, pero no dejó de mostrar otros como la desviación de la nariz. El poeta impartió en 1839 lecciones de literatura contemporánea en el Liceo Artístico y Literario de Madrid, institución a la que estuvo muy vinculado Esquivel. En relación con otras iconografías del escritor como la aguatinta anónima que se publicó en la edición de la obra más conocida de Espronceda, El Diablo Mundo (Madrid, 1841), difundida además por una litografía de Bachiller (E. Páez Ríos, Iconografía Hispana, Madrid, 1966, nº 2861-1), se advierte que Esquivel interpretó la cabellera de un modo menos crespo y rizado, alisándola. La pincelada de la pechera blanca, en trazos paralelos sueltos, contrasta con la factura lisa del rostro, sólo animada por los brillos de los ojos, que debe de responder a una interpretación póstuma.

En la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva una réplica de este retrato (Inv. 11071) y en el Ateneo de Madrid otro retrato muy posterior debido a Manuel Arroyo. - Javier Barón

Procedencia

Colección Conde de Adanero, Madrid (c. 1860); Caylus Anticuario S.A., Madrid.

Bibliografía (del artista)

J. G. Lovillo, Antonio María Esquivel, Madrid, 1957; A. de la Banda y Vargas, Antonio María Esquivel, Sevilla, 2002.

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