Retrato
En la década de 1960 la mayor parte del trabajo de Bacon se volcó en retratos y pinturas de sus amigos íntimos. Esas obras giran en torno a dos preocupaciones básicas: la representación de la condición humana y el empeño de reinventar el retrato. Bacon, basándose en las lecciones de Van Gogh y Velázquez, trataría de reelaborar los proyectos de aquellos maestros para un mundo post-fotográfico. Su sistema era distorsionar la apariencia para alcanzar una verdad del modelo más profunda, pero también se podría decir que cada uno de sus modelos encarna un determinado papel. En la serie de Figuras yacentes, Henrietta Moraes se muestra desnuda y expuesta. Esa cruda sexualidad sin precedentes refuerza la idea de Bacon del cuerpo humano como mera carne comestible. En contraste, la pintora Isabel Rawsthorne aparece siempre controlando su presentación. Con una mezcla de desprecio y cariño, Bacon retrata a George Dyer, su amante y su modelo más frecuente, como un hombre frágil y patético. Un ejemplo obvio es su primera aparición en la pintura de Bacon, Tres figuras en una habitación, donde encarna los absurdos, las indignidades y el patetismo de la existencia humana. En estas obras aparecen ocasionalmente objetos cotidianos, accesorios hueros para personas solitarias que acrecientan la idea de aislamiento que Bacon asociaba a la condición humana.













