Zona
En sus pinturas de los primeros años cincuenta Bacon abordó una experimentación compleja con el espacio pictórico: empezó a representar detalles específicos en los fondos y a establecer una interacción matizada entre el asunto y su entorno. Las figuras aparecen encerradas en estructuras a modo de jaulas, ‘marcos espaciales’ delineados y suelos hexagonales que las recluyen en una tensa zona psicológica. En 1952 diría que era “un método de abrir áreas de sentimiento más que la mera ilustración de un objeto”. Mediante su técnica de ‘persianas’ de trazos verticales que aglutinan el primer término con el fondo, soldaba la figura y su ambiente sobre la superficie pintada sin dar precedencia a ninguno de los dos, en lo que él llamó “un intento de sacar la imagen de su entorno natural”.
Los años cincuenta vieron surgir la extensa serie de variaciones sobre el Retrato de Inocencio X de Velázquez (1650, Roma, Galleria Doria Pamphilj), que Bacon sólo conocía a través de reproducciones y que le serviría para poner al descubierto las inseguridades del poderoso, representadas casi siempre en el grito de la figura enjaulada. La boca abierta manifiesta la tensión entre el espacio interior del cuerpo y los espacios que habita, explorada de manera más explícita en la vulnerabilidad de los desnudos simiescos.













