La invención del paisaje clasicista
Una de las novedades que caracterizaron a la pintura italiana de las primeras décadas del siglo XVII fue la interpretación del paisaje. Las pinturas de la época suelen ser creaciones idílicas que evocan la visión arcádica del entorno pastoril, sin la pretensión de recrear paisajes concretos. En este sentido encontramos equilibradas disposiciones en horizontal, en línea con el clasicismo boloñés y, al tiempo, puntuales pero exactas descripciones de la naturaleza que se relacionan con la pintura de Caravaggio y de los pintores nórdicos asentados en Roma. Los paisajes de Maíno se presentan como una auténtica innovación dentro de la pintura española, pues se emparentan con esa misma asunción del paisaje sombreado y ameno, creado a través de contrastados planos paralelos y masas de vegetación que espejean en el agua, que percibieron artistas como Annibale Carracci, Domenichino, Carlo Saraceni o Adam Elsheimer.




