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El Hermitage: escenario de la Corte
El lujo oriental y el refinamiento europeo caracterizan el esplendor de la corte rusa. La majestuosidad y exuberancia barrocas de las salas de aparato creadas por Rastrelli para el Palacio de Invierno –reformadas con mayor monumentalidad y clasicismo por Giacomo Quarenghi en 1790 y restauradas por Vasili Stásov y Aleksandr Briullov tras un gran incendio en 1837–, reflejan el fasto de la corte imperial. La Escalera de Honor, llamada posteriormente del Jordán, recibía a invitados y a embajadores durante las ceremonias oficiales y les sorprendía con sus impactantes juegos de luz y sus reflejos dorados. Por ella se accedía a las salas de recepción, donde se celebraban actos oficiales y procesiones solemnes, y tenían lugar obras de teatro y veladas musicales.
Emulando la corte de Versalles, Catalina II mandó construir el Pequeño Hermitage, donde celebraba reuniones con invitados selectos para disfrutar de las artes y de relajadas diversiones. Asimismo, introdujo la moda de usar lujosos vestidos de estilo ruso realizados con terciopelo y brocados y decorados con joyas y piedras preciosas que sorprendían a los extranjeros. Su corte se convirtió en el lugar de encuentro de numerosos monarcas europeos y personajes célebres de la época. Todas las actividades cortesanas se regían por estrictos protocolos y existían normas acerca de los uniformes, los vestidos y sus accesorios. En el siglo XIX, el emperador Nicolás I estableció el corte, los colores, las telas y los motivos de los trajes de gala que las damas debían llevar en las grandes ceremonias, y desde aquella época se mantuvieron sin grandes cambios hasta la desaparición de la monarquía en 1917.













