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La montaña: cruce de caminos, encuentro de viajeros
Una de las cuestiones más sugestivas de la pintura nórdica es el éxito del paisaje de montañas entre pintores, tratadistas y coleccionistas de unas tierras eminentemente llanas. En la actualidad estos paisajes han sido interpretados como una temprana manifestación del concepto estético de 'lo sublime' que triunfaría en el siglo XVIII o han sido relacionados con la disputa teológica en torno a la creación de las montañas planteada por los Padres de la Iglesia y vigente hasta el siglo XVII también entre los teólogos protestantes. Sin embargo, en torno a 1600 parece haber prevalecido una interpretación moralizante, derivada de la tradición alegórica de la montaña como símbolo del arduo paso por la vida para entrar en el Templo de la Virtud. Pero también es cierto que su éxito pudo ser debido simplemente al mismo interés por lo raro, lo inusual que subyace a los 'gabinetes de maravillas' (Wunderkammer), de moda en aquella época.
La montaña como asunto pictórico arranca con la serie de grabados Grandes paisajes basada en doce dibujos de paisajes alpinos que Pieter Brueghel el Viejo (h. 1525-1569) hizo tras regresar de Italia en 1554. En la segunda década del siglo XVII, las vistas de montañas enormes y dramáticas dejan paso a unas visiones más líricas y próximas.













