El gran maestro de Tournai centra la
composición en la
Compassio Mariae, la
pasión que experimenta la Virgen ante el
sufrimiento y la muerte de su Hijo. Para
traducirla en imágenes, el pintor escoge el
momento en que José de Arimatea, Nicodemo y
un ayudante sostienen en el aire el cuerpo de
Jesús y María cae desmayada en el suelo
sostenida por San Juan y una de las santas
mujeres.
La riqueza de sus materiales -el azul del
manto de María es uno de los lapislázulis más
puros empleados en la pintura flamenca de la
época- y sus grandes dimensiones, con las
figuras casi a escala natural, evidencian ya
lo excepcional de
la obra. El espacio poco profundo, de
madera dorada, en que
Weyden representa a sus figuras y las
tracerías pintadas de los extremos superiores
-imitando también la madera dorada-, al igual
que el remate rectangular del centro, las
hacen semejar esculturas policromadas.
Además, el engaño óptico se refuerza aún más
por el fuerte sentido plástico que Weyden
imprime a sus figuras, siguiendo el ejemplo
de su maestro
Robert Campin, como hace en todas sus
obras tempranas.
Weyden maneja con maestría las figuras
representadas en un espacio limitado al fondo
y en los extremos, donde los movimientos
opuestos y complementarios de San Juan y la
Magdalena cierran la composición. En el
interior de ese espacio sobresale el juego de
diagonales paralelas que diseñan los cuerpos
de Cristo y de María, poniendo de manifiesto
su doble pasión. Impactan los gestos, la
contención con que se expresan los
sentimientos y el juego de curvas y contra
curvas que une a los personajes.
Es encargada por la Cofradía de los
Ballesteros de Lovaina hoy en Bélgica para su
capilla en la Iglesia de Nuestra Señora de
Extramuros. En las esquinas inferiores están
representadas pequeñas ballestas. Adquirida
por María de Hungría en el siglo XVI, pasa
después a manos de su sobrino
Felipe II. Éste la coloca en la capilla
del
Palacio de El Pardo hasta su entrega a
El Escorial en 1574. Desde ese año estuvo
allí hasta 1939 en que se trae al Museo
Nacional del Prado, enviándose como
contrapartida la copia de
Michel Coxie.