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La belleza cautiva. Pequeños tesoros del Museo del Prado

CaixaForum Barcelona 16.07.2014 - 05.01.2015

Todos los géneros y los temas, desde la mitología, las imágenes de devoción y los retratos, a la naturaleza, a la reflexión sobre el ser humano, la exaltación del poder y la vida cotidiana, y también, los diferentes soportes y técnicas, como mármol, tabla, lienzo, pizarra o cobre, se mezclan en La belleza cautiva. Pequeños tesoros del Museo del Prado, exposición que refleja la riqueza y variedad de este resumen de lo mejor del Museo. Gracias a la amplia campaña de restauración promovida para la exposición La belleza encerrada. De Fra Angelico a Fortuny que tuvo lugar el pasado año en las salas del Prado, el público podrá, además, apreciar el atractivo extraordinario que encierra la superficie pictórica recuperada, la riqueza inagotable de los numerosos detalles, su originalidad y rareza, todo ello concentrado en sus mínimas, pero singulares, características. Las pinturas de pequeño formato están habitualmente a la sombra de los cuadros de gran tamaño de la colección, como también su escultura, y ahora los bocetos preparatorios para obras de grandes formatos, de frescos y cuadros de altar o de cartones de tapices, así como los cuadros de gabinete y los pequeños retratos se muestran aquí en todo su esplendor para captar la atención preferente del espectador en unas condiciones ideales de proximidad y reflexión que no se consiguen en las salas habituales de la colección permanente de un museo. Correspondiente a todo el arco temporal que abarcan las colecciones del Museo, de finales del siglo II d.C. —la escultura en mármol Atenea Partenos— a los umbrales del siglo XX —Fortuny, Madrazo y Rosales entre otros—, este conjunto de obras cobra un inédito protagonismo en la exposición a través de un sorprendente montaje que facilita su contemplación más íntima y su inmersión en la extraordinaria belleza que encierran, su originalidad y su rareza. La constante invitación al público a mirar las pinturas expuestas a través de recursos expositivos como ventanas, ‘cámaras oscuras’ o el colgado de las obras, que están a la altura de los ojos del visitante, permitirá disfrutar en «privado» y en detalle de este Prado, exquisito y concentrado, que no siempre goza de la posibilidad de exponerse o que, aún expuesto, encuentra dificultad para captar su atención. Un resumen de la excelencia contenida en las colecciones del Museo en su más mínima y particular expresión.

Comisario:
Manuela Mena, jefe de Conservación de pintura del siglo XVIII y Goya del Museo del Prado

Acceso

CaixaForum Barcelona

Horario

De lunes a domingo y festivos de 10.00 a 20.00 h
Noches de verano: miércoles hasta las 23 h

Coorganizada por:
Obra social Fundación La Caixa

Vídeos

Exposición

Religión y vida cotidiana en la baja Edad Media y los inicios del Renacimiento

Religión y vida cotidiana en la baja Edad Media y los inicios del Renacimiento
La Virgen con el Niño y ángeles
Gérard David
h. 1520
Óleo sobre tabla
34 x 27 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado

Palas Atenea, diosa de la sabiduría y de las artes, abre el brillante camino de la pintura y de la escultura en pequeño formato y nos introduce en la Edad Media, un tiempo en el que la religión dominaba la vida cotidiana. Los primeros ejemplos artísticos en tamaño reducido residen en escenas con vidas de santos procedentes de predelas de retablos, aunque ya entonces se desarrolló un tipo de obra “de gabinete” que comprendía, además de retratos de reyes y de grandes señores, pequeños cuadros destinados a la religiosidad íntima que formaban parte de altares portátiles o colgaban en oratorios privados.

Cristo, la Virgen y los santos se convierten en modelos a seguir y, de acuerdo con las Meditationes Vitae Christi franciscanas, se invita al fiel a meditar sobre temas que le lleven a experimentar arrepentimiento y conmiseración ante la Pasión de Cristo. En Flandes, desde 1530 esa función meditativa decrece y deja paso a la búsqueda de una edificación moral personal propia del humanismo cristiano, como defienden los textos de Erasmo. Los sentimientos más elevados son absorbidos por la religión, mientras que los impulsos naturales son propios de la vida terrena, abandonada por completo al diablo. Como muestra el Bosco, las imágenes religiosas habituales ya no bastan para alejar al hombre del pecado. Lo que impresiona son los tormentos del Infierno, constante amenaza para el que se deja seducir por el mal.

El siglo del Manierismo: Italia y España

El siglo del Manierismo: Italia y España
Cristo con la Cruz a cuestas
Tiziano
h. 1565
Óleo sobre lienzo
67 x 77 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado

Las obras de pequeño formato de los pintores del pleno Renacimiento suponen un contrapunto de libertad técnica y compositiva frente a los grandes proyectos decorativos, como los cuadros de altar, los frescos y los retratos de aparato. Además del placer visual que procuran la riqueza y el colorido de esta pintura, los artistas del siglo XVI experimentaron tempranamente en estas proporciones íntimas hallazgos formales y expresivos que respondían a las demandas de la sociedad moderna.

La maniera, concepto que define en Italia el artificioso estilo desarrollado a partir de 1520, reúne en esta exposición magníficos ejemplos de artistas italianos y españoles. Todos ellos plasmaron los nuevos intereses de la pintura y del humanismo neoplatónico abriendo vías de belleza que se apartaban del canon clásico del siglo anterior. Figuras de proporciones alargadas, actitudes violentamente forzadas, colores inusuales y escenas de nocturno con ambiciosos contrastes lumínicos buscaban sorprender y deleitar a un espectador cada vez más sofisticado en sus gustos artísticos.

En las mismas fechas, la escultura también se hizo pequeña para ocupar espacios privados, sin perder por ello su grandiosidad. Con su nobleza clásica, fue un arte al servicio de los poderosos: resaltó su gloria y dejó constancia de sus facciones, recuperando a su vez la tradición del retrato romano.

El Barroco: inicios y plenitud

El Barroco: inicios y plenitud
Diana y sus ninfas cazando
Pedro Pablo Rubens
1636-1637
Óleo sobre tabla
27,7 x 58 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado

Diversos pintores italianos y algunos paisajistas originarios del norte de Europa dedicaron parte de su producción a pequeñas obras que encontraron fácil salida en el mercado artístico de la época. Gabinetes y oratorios privados eran destinatarios preferentes de estas creaciones, donde se entremezclaban con facilidad asuntos y géneros artísticos.

En los países católicos, los temas religiosos seguían los preceptos del Concilio de Trento y buscaban fomentar la devoción del fiel a través de los episodios de martirio de hombres y mujeres ejemplares. Junto a ellos, se encuentran composiciones de carácter más amable e intimista, así como retratos caracterizados por su introspección psicológica, según se advierte aquí en los firmados por Moro y Velázquez. También en este periodo surgió el género del bodegón, del que se muestran excelentes ejemplos que evidencian el concepto de fugacidad de las cosas terrenales (vanitas) que subyace en el arte del siglo XVII.

Rubens, maestro de la pincelada rápida y segura, del colorido exquisito y del movimiento dinámico, cultivó ampliamente la pintura en formato reducido, en la que supo plasmar la misma versión exaltada de la vida que en sus grandes composiciones. Colaboró varias veces con Jan Brueghel el Viejo, quien se especializó en pequeñas escenas en las que los detalles están representados con una minuciosidad primorosa que invita al espectador a acercar la mirada al cuadro, y con ello a abandonar su mundo para adentrarse en el de la pintura.

Temas del siglo XVII: vida real y poesía

Temas del siglo XVII: vida real y poesía
El viejo y la criada
David Teniers
h. 1650
Óleo sobre lienzo
55 x 90 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado

El paisaje adquirió independencia como género artístico en el siglo XVII y ensanchó las fronteras de la pintura. Permitió a los artistas ampliar su autonomía profesional y creativa al ser obras de mediano y pequeño formato realizadas con libertad, generalmente sin la servidumbre del encargo.

Italia acuñó a principios del siglo el concepto de “paisaje clásico”, que recrea el mundo antiguo por medio de una naturaleza ordenada y serena en la que aparecen edificios clásicos. Los flamencos y holandeses, por el contrario, fueron maestros a la hora de convertir su entorno natural, a veces calmado y productivo, otras agreste y magnífico, en el escenario principal donde se escribe la crónica de nuestros días.

En los Países Bajos del siglo XVII se desarrolló el cuadro propiamente llamado “de gabinete”, pensado para la decoración de un ámbito que estaba reservado a la vida privada en las viviendas de las clases acomodadas. Es en esos espacios íntimos y pequeños donde la pintura de este formato encuentra su esencia al estar concebida para ese lugar especial, como una “curiosidad pintada” que ha de ser observada y analizada en detalle y de cerca. Eran, por lo general, obras de tamaño reducido que colgaban unas al lado de las otras y en filas superpuestas junto con estatuas pequeñas, bustos y objetos valiosos, a veces naturales, como corales, conchas y minerales, propios de las “cámaras de curiosidades” (Wunderkammern), de moda entre los coleccionistas desde el siglo anterior.

La elegancia cortesana del siglo XVIII europeo

La elegancia cortesana del siglo XVIII europeo
Fiesta en un parque
Jean-Antoine Watteau
1712-1713
Óleo sobre lienzo
47,2 x 56,9 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado

La dinastía de Borbón, instaurada en España en 1700, trajo consigo, entre otras reformas de carácter político, social y económico, una renovación del gusto. En ello tuvieron un importante papel los nuevos usos, más adecuados a las exigencias del poder, que artistas italianos y franceses importaron cuando fueron llamados a la corte española para dirigir las decoraciones de los Sitios Reales, especialmente del palacio de Madrid, construido a partir de 1738 tras el incendio del Alcázar.

Los bocetos en los que ensayaban o presentaban al monarca las complejas composiciones alegóricas proyectadas para los techos de las estancias reales representan un género nuevo, pues su terminación elaborada hizo que se valorasen como pinturas independientes por los conocedores de la época, que los buscaron para decorar los nuevos espacios pequeños y sofisticados de sus residencias. Estas obras evidencian el estilo personal de sus creadores y van desde el carácter rococó, ilusorio y colorista de Giaquinto y Tiepolo hasta un neoclasicismo más puro, inspirado por Mengs, como los ejemplos de Bayeu y Maella.

En el ámbito de la corte fueron especialmente interesantes los bocetos para cartones de tapices destinados a los muros de los Sitios Reales de recreo, ya que retrataron por primera vez a una clase social en ascenso, la burguesía, elegante y curiosa, que llenaba paseos y fiestas populares, pero también al pueblo, encarnado en los majos y majas, y entre esa animada sociedad se mezclaba ahora, como en un juego, la aristocracia ilustrada que se alejaba ya del Antiguo Régimen.

Goya

Goya
La ermita de San Isidro el día de la fiesta
Francisco de Goya y Lucientes
1788
Óleo sobre lienzo
41,8 x 43,8 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado

Goya fue un maestro excepcional de la pintura en pequeño formato, que tuvo en su obra un protagonismo considerable. Como otros artistas de su tiempo, recurrió a ella para la realización de bocetos de cuadros de mayores dimensiones, pero en su caso adquirieron, ya entre sus contemporáneos, el sentido de obras con valor en sí mismas, como lo más apreciado y significativo de su arte, y así, personajes de prestigio, como el arquitecto Francesco Sabatini o el duque de Osuna, las compraron para sus gabinetes. De igual modo, el artista pintó cuadros de tamaño reducido por encargo de mecenas ilustrados, destinados al ámbito privado, religioso o no, y para retratos de familiares.

Como novedad en el arte español de aquel periodo, dominado por las enseñanzas regladas de las Academias de Bellas Artes, instauradas durante la segunda mitad del siglo, como la de San Fernando en Madrid, el artista hizo, a partir de 1793, cuadros independientes, “de gabinete”, en los que pudo reflejar, según sus propias palabras, “observaciones a que regularmente no dan lugar las obras encargadas, y en que el capricho y la invención no tienen ensanches”. Creó una moderna forma de capriccio, como en sus estampas, en el que la fantasía y la imaginación se oponen a las concepciones artísticas de lo bello y lo ideal y donde prima lo satírico o lo trágico. En todas estas creaciones demostró la misma técnica magistral que en su pintura de gran tamaño, caracterizada por la libertad de factura, con una pincelada rápida y transparente, pero siempre precisa y sutil.

El siglo XIX: miradas íntimas, ámbitos privados

El siglo XIX: miradas íntimas, ámbitos privados
Los hijos del pintor en el salón japonés
Mariano Fortuny y Marsal
1874
Óleo sobre lienzo
44 x 93 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado

El Romanticismo aportó mayor privacidad en los usos sociales y en las costumbres individuales de las gentes del siglo XIX. Las residencias de la aristocracia y de la nueva burguesía enriquecida reservan espacios de intimidad para las largas horas de ocio, de forma que los gabinetes se convierten en las estancias predilectas para el disfrute doméstico, bien para recrearse en la lectura y en la música o simplemente para conversar, lo que se refleja en las artes figurativas y en la literatura de la época.

Las paredes de estos salones se decoran con obras de formato reducido e invitan, con temas novedosos, como el orientalismo, el mundo de los artistas, la ciudad o la playa, a una contemplación detenida, ofreciendo así un mosaico de pequeñas ventanas que se abren a una realidad múltiple.

Junto con testimonios pintorescos de recuerdo goyesco, como los de Lucas o Alenza, se encuentran lenguajes pictóricos más novedosos sustentados en el retrato, según muestran los ejemplos de Rosales y de Madrazo, y en el paisaje, que ahora aborda de forma directa la naturaleza y la ciudad, lo que ilustran las obras de Haes, Rico y Fortuny. De igual modo, la pintura de historia, género tradicionalmente concebido en grandes dimensiones, es capaz de reinterpretarse mediante esta nueva sensibilidad, condensando la inherente magnitud de los temas en primorosas pinturas de gabinete, como se aprecia en el cuadro de Pradilla.

Obras

54

El Paraíso terrenal

Jan Brueguel el Viejo Óleo sobre lámina de cobre, 57 x 88 cm H. 1600 - 1625 Cuadro de gabinete. Réplica del original, del Museo de Budapest

135

Retrato de Mona-Lisa

Lacoste Editor Fototipia, 139 x 90 mm 1900 - 1911 Postal

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