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Historias Sagradas. Pinturas religiosas de artistas españoles en Roma (1852-1864)

23.01.2012 - 26.05.2013

Bajo el título Historias Sagradas. Pinturas religiosas de artistas españoles en Roma (1852-1864), la sala reúne cinco de los mejores lienzos, recientemente restaurados, de artistas como Madrazo, Rosales, Alejo Vera y Domingo Valdivieso que alcanzaron enorme fama en su tiempo y que encaminaron el rumbo de este género desde el refinado purismo tardorromántico de raíz nazarena hacia el nuevo realismo pictórico. La selección de obras expuestas, realizada por José Luis Díez, jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX del Museo, y Javier Barón, jefe de Departamento de esta misma colección, presenta, tras un laborioso trabajo de restauración, un exquisito conjunto de lienzos que tuvieron gran importancia no sólo en su tiempo, sino a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Mediante su exhibición en las mejores condiciones, en continuidad con la primera sala de Pintura de Historia, se les devuelve una visibilidad perdida ya que son obras prácticamente desconocidas no sólo para el público sino incluso para muchos historiadores.En las obras de esta sala puede apreciarse el triunfo del purismo académico en la obra de Luis de Madrazo, Entierro de Santa Cecilia en las Catacumbas de Roma, realizada directamente al calor del famoso descubrimiento arqueológico y que ha de considerarse la primera dentro de este género. Este trabajo dio paso a obras cada vez más atentas a un realismo de cuño académico, como el delicado cuadro de Alejo Vera, Entierro de san Lorenzo en las Catacumbas de Roma, que toma como punto de partida el lienzo de Madrazo para dotarlo de un mayor verismo y que culmina en la emocionante pintura de Domingo Valdivieso, El Descendimiento, en la que la influencia de las fuentes artísticas italianas es muy poderosa. El maestro madrileño Eduardo Rosales, en sus dos obras religiosas de juventud, Tobías y el ángel y Estigmatización de santa Catalina de Siena, copia de Il Sodoma, realizadas en Italia, encarna el final de la pintura purista y es la clave precisa para la penetración y el asentamiento del realismo de raíz velazqueña en España.

Comisarios:
José Luis Díez, jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX del Museo, y Javier Barón, Jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XIX del Museo

Acceso

Sala 60: sala de presentación de colecciones

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Exposición

Pinturas religiosas de artistas españoles en Roma (1852-1864)

Pinturas religiosas de artistas españoles en Roma (1852-1864)
El Descendimiento
Domingo Valdivieso
Óleo sobre lienzo, 254 x 343 cm. 1864.
Madrid, Museo Nacional del Prado

Roma fue, junto con Madrid y París, uno de los escenarios principales del arte español del siglo XIX. La Ciudad Eterna poseía un significado propio, fruto de su tradicional protagonismo en la formación de los artistas durante toda la Edad Moderna, pero en el siglo XIX la estancia en Italia se convirtió ya en el punto final de la etapa académica de cualquier artista y suponía el inicio de su madurez profesional.

Los artistas españoles que llegaban a Roma, normalmente disfrutando de una pensión oficial, debían realizar una gran pintura de composición que justificara sus estudios allí. Unos prefirieron llevar a cabo episodios históricos pero otros, entregados al verdadero protagonismo de lo religioso en esa ciudad, eligieron asuntos piadosos. A partir de 1852 y coincidiendo con el descubrimiento del enterramiento original de santa Cecilia y de la cripta de los Papas en las catacumbas de la vía Appia, comenzó una autentica fiebre por los asuntos de la arqueología sagrada que, desde entonces, deslumbró la sensibilidad de casi todos los artistas allí instalados. Tras ese hallazgo, las pinturas religiosas que representaban episodios con justificación arqueológica, especialmente las que narraban episodios protagonizados por los primeros cristianos, se convirtieron en uno de los grandes intereses de los pintores españoles. Con ellas era ya posible satisfacer sus expectativas de erudición en los mismos términos de necesaria veracidad histórica exigida en los ejercicios académicos, pero al mismo tiempo trasmitían una experiencia llena de emoción religiosa, clave en la mentalidad europea de los años centrales del siglo XIX. A partir de entonces una verdadera multitud de pintores sucumbió al atractivo de la Historia Sagrada durante su soggiorno italiano.

Pero la pintura religiosa que llevaron a cabo los pensionados españoles en Roma durante este periodo supuso un verdadero esplendor del género en todo el siglo XIX, que no se limitó sólo a los asuntos paleocristianos. La Historia Sagrada en su integridad, tanto el Antiguo Testamento, como los episodios evangélicos de la vida de Cristo o incluso la de los santos, comenzó a recibir ese nuevo tratamiento histórico y no solo devocional, para lo que se incorporaron toda clase de detalles arqueológicos, procedentes siempre de fuentes que se tomaban por canónicas y que permitían dotar de completa verosimilitud a las escenas religiosas. Fue durante la exploración de esa vía de realismo histórico, cuando tuvo lugar un cambio estilístico clave en los años centrales del siglo XIX, tanto en España como en el resto de Europa.

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