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Noticia

Antonio Muñoz Molina dirige la Cátedra del Prado 2019 bajo el título “Rondas del Prado: en el jardín de las imágenes” Martes, 11 de junio de 2019

El programa de la Cátedra del Prado 2019, patrocinada por la Fundación Cultural del Notariado, recoge la idea de la crítica ambulante al modo de los “Salones” de Diderot, Baudelaire, etcétera, y de los libros de viaje y observación de la pintura de Stendhal, y propone una secuencia de rondas o aproximaciones al Museo del Prado que tendrán como hilo conductor tanto la historicidad de las imágenes en sí mismas, como su modo de ser percibidas.

De la mano de Antonio Muñoz Molina, los alumnos matriculados en la Cátedra 2019  reflexionarán sobre los sentidos diversos y la naturaleza particular de las obras de arte a lo largo de la historia, descubrirán historias más o menos ocultas en la pintura, accederán a visiones de mundos desaparecidos y se acercarán a la consistencia material de la obra y al oficio de pintor con un aire de crónica, y hasta de diario y cuaderno de notas.  

Por primera vez y con motivo de la celebración del Bicentenario, la Cátedra del Museo del Prado 2019 será una actividad gratuita para todos los alumnos inscritos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

Antonio Muñoz Molina dirige la Cátedra del Prado 2019 bajo el título “Rondas del Prado: en el jardín de las imágenes”

José Angel Martínez Sanchiz, Presidente de la Fundación Cultural del Notariado; Antonio Muñoz Molina, Director de la Cátedra Museo del Prado 2019, y Andrés Úbeda, Director Adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, durante la presentación. Foto © Museo Nacional del Prado

La Cátedra del Prado 2019 se articulará a través de cuatro conferencias que tendrán lugar durante el mes de noviembre en el auditorio del Museo del Prado y se completará con un número equivalente de seminarios que serán de participación obligatoria y exclusiva para los 20 becarios seleccionados, quienes además disfrutarán de la exención del pago de las tasas de matriculación.

El programa que configurará el ciclo de conferencias de la Cátedra del Prado 2019 partirá de la idea de la crítica ambulante al modo de los “Salones” de Diderot, Baudelaire, etcétera, y de los libros de viaje y observación de la pintura de Stendhal, para proponer una secuencia de rondas o aproximaciones al Museo del Prado que tendrán como hilo conductor tanto la historicidad de las imágenes en sí mismas, como su modo de ser percibidas: procedentes de lugares y orígenes muy distintos, dotadas de diferentes funciones específicas, casi nunca puramente estéticas –devocionales, votivas, propagandísticas, de disfrute secreto, etcétera– las obras son unificadas para el espectador en el espacio neutro y común de las salas del museo. Pero también la contemplación estética, centrada en valores puramente visuales, ignora o desdeña los contenidos narrativos que eran fundamentales para quienes las encargaban y quienes las veían en su momento, basados en códigos culturales y religiosos que para la inmensa mayoría de los espectadores de ahora son inaccesibles. La indagación en los procedimientos narrativos de la pintura –secuencia y síntesis, elipsis– ha de completarse con la observación de lo que sucede en los márgenes del relato central: los segundos planos, las esquinas, los fondos, que es donde se filtra muchas veces lo doctrinal o narrativamente superfluo, pero por eso mismo más significativo: los indicios de realidad, de vida cotidiana, de trabajo doméstico, de apariencia de capricho del artista, que son un adelanto de la dirección que irá tomando el arte. Y eso conduce a la aproximación final, a la última ronda, que es la que intenta acercarse a la materialidad de la obra y al oficio del pintor: aquí el itinerario se detiene en los autorretratos de artistas en el museo, los velados y los explícitos, en lo más parecido a su taller, que es el taller de restauración. La mirada deriva así en microscopio: la fase final en la observación del arte es la de los materiales de los que está hecho.

Todo el proceso tendrá un aire de crónica, y hasta de diario y cuaderno de notas: el observador que llega al museo día tras día, fijándose en cosas distintas o encontrando matices nuevos en lo que miró el día anterior, aguzando la mirada por el hábito, trazando secuencias de apariencia azarosa que irán acompañadas siempre por imágenes, de modo que el hilo de la argumentación no se note, o no mucho, deambulando por las épocas y los temas igual que lo hace por los corredores y las salas, como un aficionado alerta pero no metódico, que si acaso se deja atraer por ciertos motivos que le permiten transitar por el espacio y el tiempo: san Jerónimo, la decapitación del Bautista, el martirio y el sacrificio, el trabajo manual, etc.

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