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Maestra y directora del Colegio Nervión y miembro de la Fundación Amigos Museo del Prado legó sus bienes a la institución

El Museo Nacional del Prado presenta las adquisiciones realizadas con el legado de Carmen Sánchez Lunes, 22 de marzo de 2021

Hasta el próximo 24 de octubre, en las salas 60 y 60 A del edificio Villanueva, el visitante del Museo Nacional del Prado podrá contemplar las obras adquiridas gracias al legado de Carmen Sánchez García, Amiga del Museo del Prado, fallecida en Madrid en 2016 a los 86 años de edad, bajo el título “El legado de Carmen Sánchez. La última lección”.

De acuerdo con el deseo expresado en su testamento, su legado se ha destinado a la adquisición de pinturas, efectuada entre 2017 y 2021. La mayoría de estas 15 obras se mantenían inéditas hasta ahora y 5 de ellas pertenecen a artistas no presentes en la colección, como Mariana de la Cueva y Barradas y Gabriel Antonio Corvoysier. Con la compra de la Alegoría de la Templanza de Alonso Berruguete, acaso la de mayor relevancia del conjunto, se incorpora al Prado uno de los artistas más brillantes del siglo XVI en España. Igualmente excepcional es el impactante Autorretrato de Pedro de Campaña, sin parangón en la pintura española del Renacimiento.

Destacan también obras de pintores españoles anteriores a Picasso como Mariano Fortuny, Eduardo Rosales y María Blanchard.  

El Museo Nacional del Prado presenta las adquisiciones realizadas con el legado de Carmen Sánchez

 

Pedro J. Martínez Plaza, Comisario de la exposición; Javier Solana, Presidente del Real Patronato del Museo Nacional del Prado; y Miguel Falomir, Director del Museo Nacional del Prado, junto a familiares de Carmen Sánchez. Foto © Museo Nacional del Prado

Esta exposición quiere servir de homenaje a la generosidad de Carmen Sánchez García (1929-2016). Carmen se dedicó profesionalmente a la docencia y perteneció a la Fundación Amigos Museo del Prado desde 2003, participando desde entonces en muchas de sus actividades. Su legado la convierte en una de las mecenas más destacadas en la historia del Museo y se ha destinado, conforme al deseo expresado en su testamento, a la adquisición de pinturas.

El legado ha permitido incorporar nuevos artistas a las colecciones y cubrir así algunas de las lagunas históricas del Museo. Sobresale la Alegoría de la Templanza de Alonso Berruguete, obra del periodo italiano de su autor, uno de los artistas españoles de mayor prestigio internacional, con cuyo ingreso el Prado cumple un viejo anhelo. Destacan también San Francisco arrodillado en meditación de Mariana de la Cueva y la Virgen del Carmen imponiendo el escapulario a san Simón Stock de Gabriel Antonio Corvoysier. Estas dos últimas obras son las primeras que se han identificado de sus respectivos autores, lo que tiene un especial significado para la historia de la pintura española. Mariana de la Cueva fue elogiada por los principales biógrafos de artistas, pero desconocíamos su actividad pictórica. Esto mismo sucede también con otras mujeres del Siglo de Oro, lo que dota de mayor interés a esta obra, por cuanto supone un avance en el conocimiento de la labor artística de las mujeres durante este periodo, y más concretamente en la segunda mitad del siglo XVII. Por su parte, el descubrimiento del lienzo de Corvoysier permite avanzar en el estudio de la pintura madrileña de finales del siglo XVII. Destaca también Mujer en el baño (¿Diana de Poitiers?), ya que apenas se conservan obras de François Clouet o de su taller en nuestro país. Por último, La boloñesa (La boulonnaise) de María Blanchard es la primera obra que ingresa de esta artista, la pintora española más importante anterior a Picasso.

El legado también ha permitido enriquecer la presencia de otros pintores ya representados en el Museo con nuevos cuadros, en su mayoría inéditos. El Retrato de caballero de Adriaen Thomasz. Key, y sobre todo el portentoso Autorretrato de Pedro de Campaña, constituyen una notable aportación para las colecciones del siglo XVI. La Estigmatización de san Francisco de José del Castillo es una de las pocas obras religiosas de su autor y permite estudiar mejor la influencia de Antón Rafael Mengs en la escuela madrileña del siglo XVIII.

En la pintura de historia se han incorporado diferentes obras, todas ellas de gran interés. Los Comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo, de Antonio Gisbert, es réplica de la conservada en el Congreso de los Diputados, que ha sido considerada una de las principales pinturas del género en todo el siglo XIX. Eduardo Rosales es el artista más beneficiado por este legado: Doña Blanca de Navarra entregada al captal de Buch y la Reina doña Juana en los adarves del castillo de la Mota se encuentran entre las más destacadas del artista que aún permanecían en colección particular; Sala de Constantino en el Vaticano (estudio) se suma a los trabajos y bocetos preparatorios relacionados con los fondos del Museo.

Tienen gran interés Giuseppe Maria Ferdinando Dal Pozzo, que puede contarse entre las mejores obras conocidas de José Aparicio, y la Sagrada Familia del roble de Luis Eusebi, figura capital en la ¡historia primera del museo, del que fue su primer conserje y a quien debemos su primer catálogo. Esta es una de las primeras copias conocidas de un cuadro del Prado tras su inauguración en 1819.

Finalmente, la pintura de paisaje del siglo XIX se enriquece con Paisaje napolitano, que condensa muchas de las búsquedas que ocuparon a Mariano Fortuny durante su estancia estival en Portici, Nápoles.

Todas las obras han pasado por los Talleres de Restauración del Museo Nacional del Prado dentro del programa patrocinado por la Fundación Iberdrola España como miembro Protector del mismo.

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