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El Prado exhibe una de las obras más destacadas del período rosa de Picasso procedente del Pushkin de Moscú Sábado, 17 de septiembre de 2011

Se trata de La acróbata de la bola, que se expondrá durante tres meses (16 de septiembre- 18 de diciembre de 2011) en el Prado como parte de su programa 'La obra invitada', patrocinado por la Fundación Amigos del Museo y en el que se inscribe también la actual presentación del Descendimiento de Caravaggio de los Museos Vaticanos, que se puede visitar todavía hasta el próximo domingo.

El Prado exhibe una de las obras más destacadas del período rosa de Picasso procedente del Pushkin de Moscú

De izda. a dcha.: Miguel Zugaza, director del Museo del Prado; Carlos Zurita, presidente de la Fundación Amigos del Museo del Prado; Juan José Herrera de la Muela, embajador especial para el Año Dual España-Rusia 2011; Plácido Arango, presidente del Real Patronato del Museo del Prado; Mercedes de Palacio, subsecretaria del Ministerio de Cultura; Irina Antónova, directora del Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin (Moscú); , Aleksandr Kuznetsov, embajador de Rusia en España; y Javier Barón, jefe del Departamento de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado y comisario de la exhibición de la obra en este museo.

A través del programa expositivo 'La obra invitada', el Museo del Prado brinda ahora a sus visitantes la excepcional oportunidad de contemplar durante un trimestre completo La acróbata de la bola, una de las obras más sobresalientes del periodo rosa de Picasso, en la que será su primera salida del Museo Pushkin de Moscú en 40 años y su primera exposición en España.

Esta pintura, adquirida por la escritora y coleccionista norteamericana Gertrude Stein, pasó a la galería de Daniel-Henry Kahnweiler, quien en 1913 la vendió al coleccionista ruso Ivan Morozov. Tras la Revolución, la colección Morozov pasó a formar parte de las colecciones estatales distribuyéndose mayoritariamente entre los dos grandes museos públicos rusos: el Pushkin de Moscú, que gracias a esta adscripción ingresó esta obra de Picasso en sus colecciones, entre otras, en 1948; y el Hermitage de San Petersburgo, de cuyas obras procedentes de la importante colección Morozov habrá también significativos ejemplos en la exposición El Hermitage en el Prado, que al inaugurarse el próximo mes de noviembre dará lugar al reencuentro temporal en Madrid de estas pinturas con la obra procedente de Moscú.

Dada la relevancia de La acróbata de la bola para el Pushkin, para el que en opinión de su directora Irina Antónova “Picasso no es sólo un pintor” para su país “sino un reformador, la figura en torno a la que se concentró ese paso grandioso y dramático, la transición radical que representó la Vanguardia protagonizada en Rusia por figuras tan importantes como Malevich y Kandinsky”, la obra únicamente ha sido prestada por el museo ruso en cuatro ocasiones, siempre con motivo de grandes exposiciones internacionales siendo las más recientes las dedicadas al artista en la Tate Gallery de Londres en 1960 y la gran antológica inaugurada con motivo del 90 aniversario de Picasso en el Museo del Louvre de París en 1971.

Sobre la importancia de Picasso para Rusia, destaca también la gran sensación que causó la primera exposición que se le dedicó en este país en 1956, con obras enviadas por el propio Picasso y por el escritor ruso Iliá Erenburg, amigo personal del artista. Para Irina Antónova, esta exposición supuso la definitiva consagración de un artista hasta entonces bastante controvertido para los rusos como un “pintor brillante”.

La acróbata de la bola

Desde 1904, Picasso visitaba a menudo el Circo Medrano, instalado cerca del estudio que el artista tenía en el Bateau-Lavoir, en Montmartre. La afición al circo se había desarrollado ya entre los pintores impresionistas atraídos por su luz y su movimiento. Sin embargo, la aproximación de Picasso tiene un carácter más universal y profundo. A través de las simbólicas figuras del circo, el pintor realizó una reflexión sobre la vida del artista y la vinculó a su investigación sobre los problemas fundamentales de la pintura. Las dos figuras principales de esta obra revelan los polos del arte de Picasso, la creatividad y la fantasía, por un lado, y la seriedad y el rigor, por otro. La acróbata sobre la bola, presente también en otra pintura importante de ese momento, Los saltimbanquis (The Baltimore Museum of Art, The Cone Collection), muestra el temperamento de juego propio del artista. Su amigo íntimo, el escritor Guillaume Apollinaire, la interpretó en términos de una danza estelar, alusiva a la radiante armonía del cosmos

Tras la intensa y melancólica expresividad de su época azul, en esta nueva etapa, desarrollada en París en 1905, Picasso indagó de un modo esencial sobre los aspectos más plásticos de la pintura: el dibujo, conciso y enérgico; la forma, cerrada y perfecta; y el volumen, muy marcado. Su búsqueda se orientó así hacia un rumbo muy distinto al de los jóvenes artistas franceses, fascinados por el colorido violento del fauvisme.

El artista malagueño, necesitado por entonces de materiales, reutilizó uno de sus lienzos grandes en el que había pintado un retrato del pintor Francisco Iturrino (1864-1924), del que existe testimonio fotográfico y radiográfico, y que se había expuesto en 1901 en la galería Ambroise Vollard, en París, durante la primera muestra de Picasso, que compartió con el propio Iturrino.

La composición de La acróbata de la bola, que estudió en varios dibujos preparatorios, revela un cuidado equilibrio entre la ligereza de la acróbata y el peso del atleta. La esfera y el cubo en los que, respectivamente, se apoyan, realzan aquellas cualidades y el consiguiente contraste entre ambas figuras. Por otra parte, son sólidos geométricos asociados desde antiguo, en la tradición platónica, a las características de perfección y estabilidad. Además, la muchacha aparece pintada casi en dos dimensiones, lo que resalta su ingravidez frente al volumen, modelado por las gradaciones de luz y sombra, del hombre. El color, con calidades de pintura mural en una gama restringida de rosas y ocres, y el depurado paisaje del fondo, que se ha relacionado con los de la infancia malagueña del artista, contribuyen de modo decisivo a la esencialidad de la obra.

Actividades complementarias

Durante el período de exhibición en el Prado de La acróbata de la bola, el Área de Educación del Museo ha programado la celebración de breves explicaciones en sala de la misma con el objetivo de ayudar al público a situarla en su contexto histórico-artístico.

Las explicaciones se ofrecerán, a partir del 20 de septiembre, de martes a viernes en sesiones de mañana y tarde (a las 12:30 y a las 17:30h) en la sala 60 (planta baja del edificio Villanueva). Asistencia libre para todo el público con entrada del Museo.

El Museo Pushkin

El Museo Pushkin de Moscú, situado en el centro de la ciudad, posee una de las colecciones dedicadas al arte europeo más importantes de Rusia, tan solo superada por el Hermitage de San Petersburgo. Alberga en sus fondos más de 500.000 piezas entre las que se encuentran obras desde la Antigüedad hasta los primeros años del siglo XX.

Fundado con fines educativos por el profesor universitario y filólogo Ivan Vladimirovich, se inauguró en 1912 como Museo de Bellas Artes con el nombre del Emperador Alejandro III.

Tras la Revolución Rusa pasó a denominarse Museo Estatal de Bellas Artes y durante el período de 1924 a 1930 se produjo el mayor crecimiento de sus fondos debido a la nacionalización de obras de arte procedentes de coleccionistas particulares y la aportación de antiguas colecciones de San Petersburgo, especialmente del Hermitage.

La institución, que recibió su nombre actual en 1937, alberga momias egipcias, cerámicas y esculturas griegas, y pintura europea, colección en la que destacan autores como Bronzino, Botticelli, Rembrandt, Poussin o Canaletto y cuyo repertorio de pintura de finales del siglo XIX y comienzos del XX ha dado renombre mundial a este Museo con obras de Monet, Renoir, Degas, Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Matisse, Picasso y Kandinsky.

La directora del Museo Pushkin, Irina Antónova (Moscú, 1922), ocupa el cargo desde 1961, lo que hace de ella la persona con más años de experiencia en esta responsabilidad y la más longeva entre los directivos de los grandes museos de arte a nivel mundial. La trayectoria de Irina Antónova ha sido reconocida, entre otros numerosos premios y galardones, con el Premio Estatal de la Federación Rusa y con la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

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