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Obra invitada: El descendimiento de Caravaggio, La [exposición 2011]

A. P.


22 de julio–18 de septiembre.
Comisario: Gabriele Finaldi.
Obras: 1.

Con la presentación de El Descendimiento de Caravaggio procedente de los Musei Vaticani, prestada con motivo de la visita del papa Benedicto XVI a Madrid para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud 2011, y patrocinada por la Fundación Amigos del Museo del Prado, el Museo completó el programa consagrado a la Roma barroca, de la que además formaron parte las exposiciones El joven Ribera y Roma. Naturaleza e Ideal. (Paisajes 1600-1650). El Descendimiento fue presentado al público en septiembre de 1604 mereciendo la general aprobación, a pesar de que en ella se observan elementos que no se acomodan a la tradición. Caravaggio representó el momento previo al entierro, cuando Cristo es depositado por san Juan y por Nicodemo sobre la piedra de la unción, donde Jesús debía ser embalsamado y que posteriormente debía cubrir su sepultura. En esta tela, Nicodemo sustituye a José de Arimatea, habitual en las pinturas de la Pasión de Cristo. Se ha señalado, quizás con razón, que la causa probable de este cambio fue llamar la atención sobre la losa de la unción, puesto que fue Nicodemo quien facilitó los ungüentos para la misma. Caravaggio nos invita a penetrar en su obra a través de este personaje, Nicodemo, que, como todos los que integran esta obra, tiene una escala superior al natural. Los otros cinco se sitúan en un arco de 45º comenzando, en la parte baja, por el rostro muerto de Cristo, cuya anatomía aparece replicada por el blanquísimo sudario. Los dedos de su mano derecha se apoyan en la losa, en una acción que no parece casual y que bien podría aludir a su condición de fundamento de la Iglesia. Esta, además, avanza hacia la superficie de la tela e invade el espacio real del espectador, mientras que la mirada de Nicodemo establece contacto con los fieles conmocionados por la monumentalidad y el dramatismo de la escena. Todas las figuras constituyen un completo catálogo de actitudes ante su muerte, desde la serena reflexión de la Virgen hasta la gesticulante y teatral María de Cleofás, pasando por María Magdalena, que seca sus lágrimas en un pañuelo. Además, señalan una luminosa diagonal que constituye el eje fundamental de la composición y que se destaca sobre un fondo oscuro en el que apenas se entrevén, en la parte superior, unas hojas, quizás de parra, que podrían tener un significado eucarístico. La pintura estaba destinada a la capilla de la familia Vittrice en la iglesia de Santa Maria in Valicella, conocida también como la Chiesa Nuova, erigida por los Oratorianos de San Felipe Neri. Sorprende la gran aceptación de la que gozó esta pintura desde el primer momento, teniendo en cuenta que esta era la etapa en la que se asentó la leyenda de artista maldito que aún hoy pesa sobre Caravaggio, y algunos aspectos fuera de las prácticas habituales como los pies sucios o los excesos realistas del pintor.

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