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Tintoretto [exposición 2007]

Miguel Falomir


30 de enero-27 de mayo.
Comisario: Miguel Falomir.
Obras: 65.
Catálogo: Miguel Falomir, «Jacopo Comin, alias Robusti, alias Tintoretto: una exposición, un catálogo», pp. 17-24; Robert Echols, «Tintoretto pintor», pp. 25-62; Frederick Ilchman, «Tintoretto como pintor religioso», pp. 63-94; Miguel Falomir, «Tintoreto. El retrato», pp.95-114; Roland Krischel, «Tintoretto y las artes hermanas», pp.115-138; Jill Dunkerton, «La técnica pictórica de Tintoretto», pp.139-158; Miguel Falomir, «Tintoretto y España. Del Greco a Velázquez», pp. 159-177.

Por el poder de su imaginación, el virtuosismo de sus pinceles, la fuerza de su personalidad y la magnitud de su producción, Jacopo Tintoretto dominó la pintura veneciana en la segunda mitad del siglo XVI. Tintoretto compartió con Tiziano y Veronés una misma «bravura» del pincel puesta al servicio de nuevas exigencias narrativas, pero fue más allá al crear un estilo que sintetizaba lo veneciano y lo toscano, aunando el colorido de Tiziano con el dibujo de Miguel Ángel. Esta exposición, la primera monográfica que se dedica a Tintoretto desde la celebrada en Venecia en 1937, recorrió toda la carrera de este artista singular, el «cerebro más extraordinario que jamás haya tenido la pintura» en palabras de Giorgio Vasari. A través de cuarenta y nueve pinturas distribuidas en cuatro secciones cronológicas («Los inicios: hasta 1546»; «Los años decisivos: 1547-1555»; «Los grandes ciclos pictóricos: 1556-1575» y «Los Últimos años: 1576-1594»), la exposición alternó retratos, mitologías y cuadros de altar, pero otorgando un protagonismo especial a la pintura narrativa religiosa, terreno en el que Tintoretto alcanzó sus mayores logros en grandes composiciones sabiamente equilibradas por el uso del color y la luz donde la figura humana en movimiento se erige en piedra angular de su arte. La producción juvenil de Tintoretto, probablemente formado junto a Bonifacio de’ Pitati (1487-1553), muestra a un artista tan ambicioso como imperfecto y delata su fascinación por el arte florentino y romano, su capacidad para experimentar con nuevas técnicas, derivadas de la pintura mural y de mobiliario, y su portentosa imaginación para reelaborar iconografías tradicionales. Hacia 1547 Tintoretto obtuvo importantes comisiones de cofradías e iglesias y, en 1551, los primeros encargos oficiales. En estos años asistimos a un espectacular salto cualitativo en el pintor, quien tras una sucesión de obras maestras, alcanza la cima del panorama pictórico veneciano. Esta ascensión no fue de gusto de todos: se le censuraba el poco acabado de sus obras, Tiziano le era abiertamente hostil, y la irrupción de Veronés en Venecia en 1551 le deparó un rival de altura. Tintoretto respondió con obras cada vez más ambiciosas que culminarían con la decoración de la Scuola Grande di San Rocco (1564-1588), donde alcanzó su meta de crear un conjunto pictórico unificado para un gran espacio público, sin comparación con los logros de predecesores y rivales. La muerte de Tiziano en 1576 le dejó como primer pintor de Venecia. Sus últimos años marcan el cenit de su carrera por reconocimiento oficial, respeto crítico y proyección internacional. Tintoretto afrontó esta coyuntura aumentando el taller, al que incorporó a sus hijos Marietta y Domenico, y optimizando sus recursos, y aunque mantuvo su creatividad hasta el final, fue delegando cada vez más en ayudantes la materialización de sus obras. Su producción tardía osciló entre obras muy personales, donde los contrastes lumínicos se erigen en el principal recurso estético y la técnica se presenta más abocetada, y otras realizadas al dictado de los patronos, caracterizadas por un claroscuro atenuado y un modelado más compacto. La «bottega» de Tintoretto atesoraba un formidable arsenal de dibujos, bocetos, moldes y grabados. Al proceso creativo estuvo dedicada una quinta sección donde, junto a diverso material técnico, se expusieron trece dibujos y tres esculturas que ilustraban la naturaleza de su relación con Miguel Ángel y mostraban su doble concepción del dibujo: como medio de aprehensión de la idea estética y como instrumento de trabajo.

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