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Su aspecto es el de un hombre elegante, sereno, seguro de sí mismo, una nueva forma de entender al pintor alejado del oficio artesanal al que hasta ese momento se había visto relegado. El nuevo pintor es un intelectual, un artista como en Italia donde la pintura se consideraba una de las artes liberales.

Indumentaria

Durero elige unas ropas elegantes y aristocráticas: jubón blanco con guarniciones negras y camisa con puntilla dorada, gorra de listas blancas y negras con borla, capa parda y guantes grises de cabritilla. Una imagen cosmopolita que evidencia en sus cartas a su amigo Willibald Pirckheimer diciendo cosas tales como "mi capa francesa os saluda y mi ropa italiana también".

Mirada

La mirada severa, con altiva serenidad, indica la voluntad del pintor de hacer ostentación de su situación social. Durero enfoca los ojos en direcciones levemente divergentes, con el fin de darles animación. El ojo más lejano, el de la derecha, mira directamente al espectador, mientras que el más próximo, el de la izquierda dirige la mirada más allá. Esta leve desviación se ha repetido en retratistas posteriores como Hans Holbein el Joven.

Manos

En primer plano –la que viene de la derecha asiendo la que viene de la izquierda-, evidencian que están ociosas, que no portan ningún elemento simbólico alusivo a la función del retrato, y su disposición se ajusta a los buenos modales, propios de un gentilhombre. En lugar de mostrar las manos descubiertas con las que materializa su trabajo, Durero las cubre con guantes de cabritilla gris, propio de un alto estatus social. De este modo se eleva respecto a su labor manual como pintor, de artesano a artista, como en Italia.

El viaje

Orgulloso de viajar a Italia, Durero entiende la educación del artista a través del conocimiento del mundo, y más especialmente de los lugares esenciales de la creación artística de ese momento: Flandes e Italia. El viaje es concebido como un elemento fundamental en la formación de un artista.

 
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