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Fernández Pescador, Eduardo

Madrid, 1836 - Madrid, 1872

Escultor y grabador en hueco. Atraído muy joven por la escultura, comenzó a aprender dibujo y modelado bajo la dirección de su pariente, el cincelador José Sánchez Pescador, y en la Real Academia de San Fernando como alumno de la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado. La intensa relación que tuvo con su primer maestro le llevó a cambiar su segundo apellido por el de Pescador, aunque siempre firmó sus obra únicamente con el primero.
A los dieciocho años se presentó y ganó por unanimidad la oposición convocada por el gobierno para cubrir una plaza de pensionado por el grabado en hueco en el extranjero dotada con 3.000 pesetas anuales. Una vez en París, obtuvo entre más de cien aspirantes una de las cinco plazas de alumnos numerarios que concedían el Instituto de Francia, pasando a estudiar bajo la dirección de los escultores y medallistas Jacques-Jean Barre y Eugène Oudiné. Eduardo Fernández se inspiró en esos años en «las mejores estatuas griegas» y llegó muy pronto a destacar por la perfecta ejecución de sus retratos, sobresaliendo los bustos que hizo el embajador de España el duque de Rivas y el del escultor M. Corcheret. Esta beca de estancia en París le fue prorrogada hasta finales de 1858 y durante este tiempo grabó un troquel con el busto de la reina Isabel II, que recibió el elogio de la Real Academia de San Fernando, más un premio de 5.000 reales del Ministerio de Fomento y la recomendación al de Hacienda para su utilización en la fabricación de moneda.
A su regreso a Madrid Eduardo Fernández intentó sin éxito que el gobierno encargase mediante oposición los nuevos tipos de las monedas. En los años sucesivos se presentó a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1862, 1864 y 1866, obteniendo en ellas una mención honorífica, cuatro medallas de tercera clase y una de segunda. En la primera presentó la medalla distintiva de los señores diputados de la legislatura de 1858, con el modelo en cera de la ley y tres retratos; y en la segunda medalla del político y embajador en París don Salustiano de Olózaga y el proyecto de una moneda de veinte reales, alcanzando la medalla de oro de tercera clase; dos años más tarde hizo con los troqueles y las medallas de dos obras contrapuestas en su concepción: el retrato de la reina, verdadero altorrelieve, y otra de volumen muy rebajado destinada a los premios en las exposiciones nacionales de Bellas Artes.
Al año siguiente, en la Exposición Universal de París de 1867, participó en la especialidad de grabado en hueco con las obras llevadas anteriormente a las nacionales, y alcanzó un rotundo éxito al disputar el primer premio al medallista Hubert Ponscarme. El grabador español recibió el segundo por unanimidad, quedando el tercero para el grabador general de la Casa de Moneda de Londres.
Eduardo Fernández ocupó varios años interinamente la cátedra de grabado en hueco de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, dependiente de la Real Academia de San Fernando, ganándola por oposición en el año 1865. El 17 de junio de 1867 fue elegido académico de número de esta corporación, cubriendo la vacante de Bartolomé Corominas. En su toma de posesión el 18 de abril de 1869, leyó un interesante discurso titulado «La historia del grabado de monedas y medallas», que fue contestado por Valentín Carderera.
Como escultor también realizó cinco medallones en bronce y sus retratos en cera, el modelo y cincelado de un bastón de mando regalado por sus subalternos al gobernador de Ciudad Real, don Agustín Salido, un busto de José de Madrazo y diversas figuras de tamaño natural para la decoración de uno de los salones del palacio del marqués de Salamanca.
Eduardo Fernández estuvo casado con doña Rafaela Calvo, con quien tuv una hija. Hermano y ayudante suyo fue el también grabador en hueco Enrique Fernández y Mauricio.
"La Ilustración española y americana" en el número del año de su muerte, julio de 1872, publicó un retrato suyo dibujado por Perea y grabado en madera. Fue comendador de la real y distinguida orden de Carlos III, gran cruz de María Victoria, y caballero de la orden del Cristo de Portugal.
(Cano Cuesta, M., Catálogo de Medallas Españolas, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2005, pp. 274-275).

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