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Num. de catálogo
P06704
Autor
Palmaroli y González, Vicente
Título
Amadeo I, rey de España
Cronología
1872
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
234,5 cm x 149,5 cm
Escuela
Española
Tema
Retrato
Expuesto
No
Procedencia
Cesión de la Secretaría del Ministerio de Estado al Museo del Prado, 1877.

Amadeo I (Turín, 1845-1890), el rey efímero -como le denominaría años después el conde de Romanones-, fue elegido monarca constitucional de los españoles el 16 de noviembre de 1871 en el Congreso de los Diputados, después de un largo y complejo proceso diplomático internacional que tuvo lugar tras el destronamiento de Isabel II (1830-1904) en 1868, y que hizo recaer la Corona de España en la Casa de Saboya. El mejor defensor de su candidatura, el general Juan Prim (1815-1870), fue asesinado poco antes de la llegada del rey italiano a España, que se encontró sin valedor alguno ante la creciente antipatía que el pueblo manifestaba por el monarca extranjero. Su breve reinado estuvo lleno de complicaciones, que incluyeron un atentado contra su persona en el verano de 1872. Así, Emilio Castelar (1832-1899) pidió al rey que entregase la Corona en el Congreso y llegó a conminarle para que regresase a su patria, no sea que tenga un fin parecido al de Maximiliano de México. En efecto, incapaz de solucionar la conflictiva situación del país, Amadeo renunció al trono el 11 de febrero de 1873, declarándose a continuación la Primera República. Vicente Palmaroli fue un leal servidor del nuevo rey durante los dos cortos años que éste permaneció en el trono. Atendió un encargo suyo para realizar un lienzo de gran tamaño que representaba su recepción en la corte que no se conoce e hizo también las veces de aposentador en el Palacio de Oriente, ocupándose de adecuar la decoración de los salones oficiales para sus nuevos inquilinos. Sin embargo, este retrato es la mejor representación del vínculo del pintor con los Saboya, y en él Palmaroli actuó como un retratista de corte sensible y original. En general, el modelo del retrato continuó los que pintaron Antonio Gisbert (Madrid, Universidad Complutense) o Carlos Luis de Ribera (Madrid, Banco de España), también de gran tamaño y de cuerpo entero, y que seguían a su vez un prototipo de representación del monarca con uniforme militar empleado desde el reinado de Fernando VII. Retratado a los veintisiete años de edad, Amadeo de Saboya viste uniforme y fajín de capitán general y luce la banda y gran cruz de la orden de Carlos III además del collar del toisón de oro, que ostenta sin derecho a lucirlo -por tratarse de una orden de carácter dinástico-, para legitimar visualmente su condición de rey de España. Junto a esas dos condecoraciones, los mayores honores premiales españoles, lleva dos pequeñas medallas de carácter conmemorativo, de las que sólo se reconoce la de Víctor Manuel II de Saboya, jefe de la casa a la que perteneció Amadeo I. Una estatua alegórica de la Justicia aparece en el fondo, como probable alusión a las leyes que juró guardar Amadeo. Esta estatua aparece también en algunos retratos de Alfonso XII, que compartió con Amadeo la condición de monarca parlamentario, sujeto a las leyes de la Constitución. La iconografía del retrato se completa con la Regalía de Carlos III, a los pies de esa estatua, lo que no pasa inadvertido, pues la débil justificación de los derechos dinásticos de Amadeo en nuestro país se debía precisamente a que su madre, María Adelaida de Austria, era bisnieta de ese ilustrado monarca. El retrato es en definitiva una clara y asequible escenificación de la legitimidad del nuevo rey. La composición de Vicente Palmaroli es plásticamente más llamativa que las de otros retratistas de Amadeo, realizadas desde presupuestos todavía puristas, pues consciente de sus propias habilidades, el madrileño se concentra especialmente en recrear la suntuosidad palaciega con una pincelada jugosa, suelta y preciosista, sobresaliente en el lujoso telón púrpura del fondo, o en el tejido que cubre el bufete sobre el que está la corona, para potenciar de ese modo la condición regia del retratado. La figura del rey, sin embargo, está modelada con realismo y con un dibujo firme y correcto, que capta con mucha precisión su gris personalidad. No en vano se asocia tradicionalmente a esta figura un boceto preparatorio (Madrid, Museo Municipal), concentrado en las facciones del monarca italiano, que podría haberse empleado en la ejecución de esta pintura, aunque se ha dudado de que éste sea obra de Palmaroli (Texto extractado de G. Navarro, C. en: El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 150).

 
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