Num. de catálogo
P07775
Autor
Goya y Lucientes, Francisco de
Título
Autorretrato
Cronología
1796 - 1797
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
18,2 cm x 12,2 cm
Escuela
Española
Tema
Retrato
Expuesto
Si
Procedencia
Duquesa de Alba (?), 1802. Por herencia a Tomás de Berganza, 1807. Por herencia a su hijo, Luis de Berganza, Madrid, 1834. Por herencia a sus descendientes, Carmen Berganza de Martín (Madrid, ca. 1900), Pilar Martín Berganza, Antonio Martín. Venta Edmund Peel & Asociados, Madrid, 31.10.1989. Colección Gutiérrez de Calderón, 1989-1995. Adquirido por el Estado con destino al Museo del Prado en 1995, con fondos de legado Villaescusa.

El tamaño reducido de este Autorretrato indica su destino privado e íntimo, como regalo para alguien del interés de Goya. La procedencia del cuadro, que viene de los herederos de Tomás de Berganza, mayordomo de los duques de Alba, que continuó al servicio de la duquesa después de la muerte del duque, determinó que, siguiendo la leyenda que desde mediados del siglo XIX fomentó la idea romántica de la relación entre el artista y la aristócrata, se pensara que había sido regalado por el artista a la duquesa. No existen, sin embargo, más pruebas de que el pequeño retrato perteneciera originalmente a María Teresa de Silva que la tradición oral en la familia Berganza, que lo estimaba como donado por la duquesa a su mayordomo junto con otras dos obras de Goya: La duquesa de Alba y la Beata (P07020) y La Beata y los niños Luis de Berganza y María de la Luz (Colección particular), fechadas hacia 1795. Debió de ser entonces o poco después cuando pintó el pequeño Autorretrato, que evidencia la moda que viste el artista y la disposición de su cabello, corto, suelto y sin empolvar.Goya está ante un fondo de color grisáceo verdoso, cuya luminosidad aumenta significativamente en torno a si figura, como si de ella irradiara la luz que es propia del trabajo del pintor y especialmente interesante en su caso, ya que la utilizó como metáfora de sus ideas sobre el conocimiento y el progreso a tono con las de su siglo, el Siglo de las Luces. El artista viste con elegancia y está sentado en un discreto y refinado sillón de terciopelo rojo  armadura dorada, que aparece también en los retratos realizados en este período. Goya tiene ante sí el lienzo colocado en un caballete que queda fuera de la composición, sobre el que pinta sin duda el retrato de un modelo sentado ante él, al que el artista le dirige la mirada  característica del pintor, directa y profunda, que capta la realidad externa del exterior y el interior psicológico del retratado. Las facciones del artista, así como la disposición de su pelo alborotado en torno a la cabeza, son muy cercanas a la imagen de su Autorretrato con el medallón (The Metropolitan Museum of Art, Nueva York), dibujo del mismo período. En ambas obras aparece con el pelo alborotado, lo que refleja el movimiento de su inspiración y símbolo desde el Renacimiento del genio creativo según la Iconología de Cesare Ripa (Primera edición 1593) (Texto extractado de Mena Marqués, M.: Goya: luces y sombras, 2012, p.76).

 
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