Num. de catálogo
P00822
Autor
El Greco
Título
Cristo abrazado a la cruz
Cronología
Hacia 1602
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
108 cm x 78 cm
Escuela
Española
Tema
Religión
Expuesto
Si
Procedencia
Museo de la Trinidad

La obra muestra a Jesucristo de más de media figura, vestido con túnica roja y manto azul. Lleva sobre el hombro izquierdo la cruz, que sostiene entre las manos, mientras que la cabeza se eleva ligeramente y los ojos, acuosos y de mirada resignada y serena, miran hacia el cielo. Sobre la cabeza, la corona de espinas es potenciada por un nimbo romboidal de naturaleza luminosa. En la corona, de un realismo preciso, se aprecia con detalle el trenzado de las tiernas ramas de las que surgen pequeños brotes. Perfectamente encajada sobre la frente de Jesús, sus espinas le han provocado pequeñas heridas y algunas gotas de sangre le caen por el cuello. Sin embargo, en su rostro no hay signos de dolor o de angustia, tampoco de esfuerzo físico por cargar con la cruz. El santo madero parece un ligero instrumento al que Jesús se abraza, y sobre el que descansa sus grandes y delicadas manos. La imagen se potencia por la perspectiva de sotto in su -vista desde abajo hacia arriba- con que se ha concebido la figura, que coloca al espectador en un punto de vista muy bajo. Como fondo aparece el característico cielo tormentoso de El Greco, obviándose cualquier referencia narrativa, para concentrar la máxima atención del espectador sobre la figura de Cristo y su relación con la cruz. Esta composición es una de las variantes autógrafas de uno de los temas de El Greco que, sin ser completamente original, hubo de alcanzar mayor aceptación en la época. En alguna ocasión se ha señalado la genialidad de El Greco a la hora de transformar una representación de carácter tradicionalmente narrativa en un asunto devoto, lo cual se explica por la mentalidad contrarreformista de la espiritualidad española. El modelo físico de Jesús coincide con el del Expolio, el célebre cuadro realizado por El Greco para la catedral de Toledo en 1578. Las imágenes de Cristo llevando la cruz en su ascensión al Monte Calvario fueron relativamente frecuentes en la iconografía cristiana, y ya desde el arte paleocristiano existen ejemplos que se ligan a textos donde se hace referencia al papel simbólico de la cruz como instrumento de salvación y consecución de la vida eterna. El Greco transformó las visiones más descarnadas del Cristo doliente, apesadumbrado por el cansancio y el castigo físico en su ascensión por la Vía Dolorosa, que habían tenido importante repercusión en la segunda mitad del siglo XVI, tanto en Italia (Sebastiano del Piombo, Correggio o Tiziano) como en España, donde las pequeñas tablas devocionales de Luis de Morales (hacia 1515-1586), tuvieron entre las décadas de 1560 y 1580 una estimable aceptación. Morales dio a la cruz un innegable carácter alegórico que enlazaba con las meditaciones medievales atribuidas al Pseudo-Buenaventura (Meditationes vitae Christi). El carácter devocional de sus obras permanece en las composiciones de El Greco, quien sin embargo sustituye el fondo oscuro y neutro que es habitual en las obras del pintor extremeño, por sus espectaculares celajes. Por otro lado, El Greco forzó de forma notable la visión de sotto in su de la figura, en una concepción casi escultórica y quizá relacionada con las imágenes de las procesiones de Semana Santa, tan importantes en la religiosidad española del momento en las que, sin embargo, se mantiene la visión doliente que invita a la compasión y al dolor del creyente. Esta versión del Museo del Prado es un ejemplar de gran calidad, de una ejecución brillante, con un colorido e iluminación muy conseguidos. Destacan las manos, con las características uñas nacaradas de El Greco, modeladas con gran sensibilidad. La fecha de ejecución se sitúa en torno a 1600-1605, en un momento posterior a la realización del retablo del Colegio de doña María de Aragón, Madrid (1596-1600) y el conjunto del Hospital de la Caridad de Illescas, Toledo (1603-1605).La obra llegó al Museo del Prado en 1872, procedente del desaparecido Museo de la Trinidad, que recogió las obras procedentes de los conventos suprimidos por las leyes secularizadoras de Juan Álvarez Mendizábal (1835-1837) (Texto extractado de Ruiz, L. en: El Prado en el Ermitage, Museo Nacional del Prado, 2011, pp. 96-97).

 
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