Num. de catálogo
O00113
Autor
Metellino, Giovanni Battista
Título
Delfín
Cronología
Último tercio del siglo XVII
Técnica
Cincelado; Tallado; Grabado; Vaciado
Materia
Cristal de roca / cuarzo hialino
Medidas
44 cm
Escuela
Italiana
Tema
Animales
Expuesto
Si
Procedencia
Colección Real

Vaso compuesto por cinco piezas de cristal de roca y seis guarniciones de plata dorada, que recrean la figura de un delfín, interpretado naturalísimamente, con el cuerpo curvado y la cola enhiesta, formado por diversos pedazos unidos por guarniciones de plata dorada con doble fila de dentículos e hilera de perlas. El extremo superior compone la cola, dividida en tres membranas; más abajo, la parte final de la cola, con aletas caudales; una parte central más gruesa, también con sus aletas, y finalmente el tronco y cabeza, gruesos, con la boca abierta mostrando los dientes. Dos guarniciones unen las pequeñas aletas dorsales, colocadas transversalmente. Un recipiente oblongo, gallonado, reposa sobre la cabeza del pez, al que se une con una guarnición similar. Antaño, según las fotografías HF1199 y HF085/044, la figura se elevaba sobre una lata montura con decoración de ovas alargadas, rosetas y treinta y dos bocas cuadradas donde se alojaban piedras de lapislázuli talladas en jaquel. Dicha guarnición fue robada en 1918.La decoración consiste en ramitas muy finas y ondulantes, como algas, interrumpidas en el borde de los planos, y algunos insectos salpicados por la superficie lisa. Este objeto, ejecutado en cristal de roca, es posiblemente, obra de Giovanni Battista Metellino, al que se atribuye un salero con delfín muy similar al presente, aunque más pequeño, incluida la base. Se conserva en el Museo degli Argenti. Participan de tales características los vasos O00099, O00106, O00107 y O00108, además del presente. Aunque ocasionalmente aparecen insectos en algún otro vaso, la decoración y labra son diferentes. Son varias las obras del conjunto del Prado que se pueden atribuir a Metellino o a su taller, caracterizadas todas por una talla lisa y formas simples, adornadas todas por pequeños motivos de ramitos o insectos y algunos composiciones vegetales que dan sensación de haber sido cortadas e el desarrollo de su diseño.

Luis XIV y su hijo el Delfín reunieron un bue número de objetos de este tipo y abundan, tanto en el Louvre, como en las descripciones del inventario de 1689, ejemplares con insectos y avecillas salpicados sobre las superficies alisadas, sin decoración alguna, salvo, en algunos casos, motivos vegetales de escaso desarrollo. Es frecuente encontrar, entre los vasos de este grupo, diseños que llegan hasta los mismos bordes de los cuerpos, interrumpidos, en su desarrollo, especialmente tramos ondulantes que se cortan en su mitad, lo que quizás sea un intento de aprovechar vasos partidos durante su elaboración. Si aparecen figuras de animales o de personas, están labradas con escasa maestría, y tienen cierta forma achatada y gruesa, lo que les proporciona aspecto caricaturesco, quizás vinculado a la moda de las chinoiseries. Se completa la decoración con algún país, muy esquemático

El Tesoro del Delfín es un conjunto de vasos preciosos que, procedentes de la riquísima colección de Luis, gran Delfín de Francia, vinieron a España como herencia de su hijo Felipe V, primer rey de la rama borbónica española. Luis de Francia (1661-1712), hijo de Luis XIV y María Teresa de Austria, comenzó su colección tempranamente influenciado por su padre; la adquisición de obras se producía por diversas vías, desde regalos hasta su compra en subastas y almonedas. Al morir el Delfín, Felipe V (1683-1746) recibe en herencia un conjunto de vasos con sus respectivos estuches, que fueron enviados a España. En 1716 estaban en el Alcázar de Madrid, guardados en sus cajas, desde donde se trasladaron, en fecha posterior, a La Granja de San Ildefonso, lugar donde se citan a la muerte de Felipe V, conservados en la llamada Casa de las Alhajas. En 1778 se depositaron, por real orden de Carlos III, en el Real Gabinete de Historia Natural y continuaron en la institución hasta el saqueo de las tropas francesas en 1813. La devolución de las piezas se produjo dos años más tarde y con algunas pérdidas. Fue en 1839 cuando la colección llega al Real Museo, donde sufrieron en 1918 un robo. Con ocasión de la Guerra Civil española fueron enviadas a Suiza regresando en 1939, con la pérdida de un vaso, desde entonces se encuentran expuestas en el edificio Villanueva. (Texto extractado de Arbeteta, L.: El Tesoro del Delfín. Catálogo Razonado, 2001, pp. 276-277)

 
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