Num. de catálogo
E00727
Autor
Bellver y Ramón, Ricardo
Título
El Ángel caído
Cronología
1878
Técnica
Fundido
Materia
Bronce
Escuela
Española
Tema
Religión
Expuesto
No
Procedencia
Adquisición, 1879

La obra realizada por Ricardo Bellver y Ramón (1845-1924), constituye uno de los mejores compendios de la visión romántica de la escultura. Enérgica en la movida composición y en el tema, pensada inequívocamente para ser fundida en bronce, potenciando la valentía de la composición. El juego de tensiones frente a las composiciones estáticas de una visión frontal, la sinuosidad, una muestra de la libertad de elección y el genio atormentado. Esta ruptura con la tradición enlaza con los escultores románticos belgas Guillaume y Joseph Geefs. Destaca el dominio técnico que demuestra en la obra (Azcue, L.: 2012). Está inspirada en un fragmento del Canto I de la obra de Milton El Paraíso perdido, según se recoge en el catálogo de la Exposición Nacional de 1878: por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás. Agita en derredor sus miradas, y blasfemo las fija en el empíreo, reflejándose en ella el dolor más hondo, la consternación más grande, la soberbia funesta y el odio más obstinado. Es muy probable que la idea de representar al demonio como un bello atleta adolescente deba ponerse en relación con el Lucifero del italiano Constantino Corti, que figuró en la Universal de París de 1867, más que con la pieza tallada por Martínez Montañés para el Retablo de San Miguel de Jerez de la Frontera. La versión en yeso fue terminada en Roma en 1878, como trabajo reglamentario de tercer año, durante su periodo de pensionado en la Academia de España. Inmediatamente después fue presentada a la Nacional, cuyo jurado le concedió la primera medalla con cinco votos favorables, entre ellos los de Francisco Torrás, Jerónimo de Suñol y Carlos Luis Ribera, mientras que se opusieron Vicente Esquivel, porque no reunía las condiciones, y Eugenio Duque, que la encontraba desprovista de todo buen gusto [...] y en ninguna relación poética con la fantástica creación de Milton, aparte de consideraciones anatómicas y recuerdos barrocos, que consideraba poco afortunados, según recoge Reyero (2002). Sin embargo, parece como si, una vez elegida para figurar en la Universal de París de 1878, hubiesen quedado olvidadas todas las adversativas, hasta convertirse en una escultura unánimemente admirada. Incluso ya entonces, los críticos franceses e italianos se dignaron referirse a ella con respeto. Antes de volver de París, el Estado español, que ya había adquirido el yeso, decidió pasar la pieza a bronce, para lo que llegó a un acuerdo con el escultor, que, si bien deseaba fundir la pieza en Roma, aceptó las condiciones que le impusieron. Una vez ingresada la obra en el Museo, se iniciaron los trámites para su exhibición al aire libre, en forma de monumento, inaugurado en 1885, sobre un pedestal ideado por Francisco Jareño. El modelo en yeso (destruido tras la fundición) fue adquirido por Real Orden de 4 de enero de 1879 por 4500 pesetas, después de recibir primera medalla en la Exposición Nacional de 1878. Por el bronce se pagaron 10000 pesetas. Fue cedido en depósito al Ayuntamiento de Madrid, para ornato del parque del Retiro, el 31 de octubre de 1879 (Texto extractado de Reyero, C. en: Enciclopedia del Museo del Prado, 2006, Tomo II, pp. 381-383).

 
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