Num. de catálogo
P00533
Autor
Tiziano, Vecellio di Gregorio
Título
Juan Federico I de Sajonia
Cronología
1548
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
129 cm x 93 cm
Escuela
Italiana
Tema
Retrato
Expuesto
No
Procedencia
Colección Real (Palacio Real Nuevo, Madrid, pinturas que quedaron sin colgar en la última pieza de la Furriera, 1747, nº 703; Palacio del Buen Retiro, Madrid, galería del mediodía, 1772, nº 705; Buen Retiro, 1794, nº 995).

Con anterioridad a 1547 Juan Federico había confiado su imagen a Lucas Cranach (1472-1553), desarrollando un ambicioso programa que lo presentaba como campeón y sostén de la Reforma. El interés de las imágenes posteriores estriba en que ofrecen dos aproximaciones a Juan Federico realizadas desde posiciones ideológicas y sensibilidades religiosas muy contrastadas. Tiziano pintó dos retratos de Juan Federico a instancias de María de Hungría, en cuyo inventario de 1558 se citan: el del Museo del Prado, que lo muestra inmediatamente después de la batalla, armado y con la herida de la mejilla aún sangrante, y otro conservado en el Kunsthistorisches Museum de Viena, donde la herida ha cicatrizado. Esta diferencia permite fechar el retrato del Prado durante la primera estancia de Tiziano en Augsburgo (de febrero a septiembre de 1548), lo que corrobora un testimonio tardío de Cesare Vecellio, sobrino del pintor; y el de Viena durante la segunda (de noviembre de 1550 a febrero de 1551). El retrato de Viena, cuyo acabado minucioso rivaliza con la pintura alemana, es muy superior al del Prado, que cuenta con amplia participación del taller. Éste es en realidad una recreación, pues Tiziano llegó a Augsburgo en febrero de 1548, diez meses después de la batalla. Es además improbable que Juan Federico posara así para Tiziano, a quien se le facilitaría la armadura del prisionero, expuesta en tiempos de Felipe II en la armería del Alcázar de Madrid. El retrato se ajusta a la narración que hiciera Luis de Ávila y Zuñiga de la captura de Juan Federico en sus Comentarios de la guerra de Alemania (1549).Esta imagen tan inusual se ha explicado por su inclusión en un cortejo ideal concebido por María de Hungría; un cortejo encabezado por el retrato ecuestre del emperador (P410), al que seguirían los de los miembros de la familia imperial, los generales y acabaría con los vencidos, a imitación de los triunfos romanos (Texto extractado de Falomir Faus, M.: El retrato del Renacimiento, Museo Nacional del Prado, 2008, p. 360).

 
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