Num. de catálogo
P01410
Autor
Brueghel el Joven, Jan
Título
El Paraíso Terrenal
Cronología
Hacia 1620
Técnica
Óleo
Soporte
Tabla
Medidas
59 cm x 41 cm
Escuela
Flamenca
Tema
Religión
Expuesto
No
Procedencia
Colección Real (Alcázar, Madrid, 1734; Palacio Real Nuevo, Madrid, primera sala de la Furriera, 1747, nº 88; Palacio Real Nuevo, Madrid, paso de tribuna y trascuartos, 1772, nº 88; Palacio Real Nuevo, Madrid, pieza de tocador, 1794, nº 88; Palacio Real, Madrid, cuarto del infante don Francisco-segunda pieza, 1814-1818, nº 88).

Como es habitual en Jan Brueghel el Joven, el modelo iconográfico para esta composición se encuentra en los paisajes de Adán y Eva en el Paraíso inventados por su padre, Jan Brueghel el Viejo, si bien los leones están tomados de "Daniel en el foso de los leones" (Milán, Pinacoteca Ambrosiana) y el ciervo es el mismo que figura en muchas de las guirnaldas de su progenitor. Sin embargo, al contrario que en esos paisajes del padre, a primera vista parece que aquí lo importante no es el asunto ni los animales representados, sino el bosque, que está ejecutado con extrema minuciosidad. La obra está compuesta a base de una delicada armonía de verdes, amarillos y ocres con las vivas notas de color del plumaje de los papagayos como contrapunto. El espectador, confrontado a gigantescos robles de espeso follaje, queda en un primer momento desorientado, ya que no hay una única perspectiva que lo guíe. Pero en seguida descubre las variadas parejas de animales que pueblan este bosque y que le ayudan a recorrerlo detenidamente hasta llegar al claro del fondo, donde descubre una diminuta pareja humana desnuda y de pie bajo un árbol. Las manzanas del gigantesco árbol en el primer plano, que ocupa casi la totalidad del espacio compositivo, permiten identificar a la pareja del fondo como Adán y Eva en el Paraíso debajo del Árbol de la Vida antes de caer en el pecado (Génesis 2). Esta identificación queda ratificada por la prominente presencia de papagayos, aves parlantes que en la simbología cristiana personifican a Cristo nacido de una Virgen Inmaculada y que con su muerte redimiría a la humanidad del Pecado Original. Es sorprendente la minuciosidad en la representación de los troncos y las hojas de los árboles, así como de las hierbas y las plantas. De esta composición se conserva una réplica original (Berlín, Gemäldegalerie), así como diversas copias de seguidores que hablan del éxito de esta composición.

 
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