Num. de catálogo
E00166
Autor
Taller Romano
Título
Augusto o Tiberio en desnudo heroico
Cronología
Hacia 50; Siglo XVII
Técnica
Esculpido
Materia
Mármol
Medidas
218 cm x 105 cm x 80 cm
Escuela
Arte Antiguo
Tema
Retrato
Expuesto
Si
Procedencia
Colección Real



La estatua representa a Augusto o Tiberio, con manto sobre las caderas, fue restaurada en el siglo XVII con la cabeza de Augusto. La escultura de un monarca o militar en "desnudo heroico" entronca firmemente con la tradición griega clásica -retratos de Pericles y Alejandro, por ejemplo- y aparece en el arte romano a fines de la República con obras como el Mariscal de Tivoli. Por entonces, su objetivo era exaltar a personajes difuntos, sugiriendo que habían sido acreedores, por sus acciones grandiosas, a la feliz existencia de los héroes mitológicos en el más allá. El arte oficial de Augusto, sin embargo, modifica el sentido de esta iconografía, creando la imagen semidesnuda de Julio Cesar divinizado. A partir de ese momento, y durante buena parte del siglo I d.C., sólo los emperadores muertos tienen derecho a este tipo de imágenes que los identifican como dioses. Pocos son los que, abusando de su poder, imponen su deseo de ser divinizados en vida. Frente al desnudo heroico integral de los griegos, el tradicional pudor itálico impone el complemento de una toga alrededor de las caderas, aludiendo así, por otra parte, a la tradicional vestimenta del "cives romanus". En cambio, por lo que a la anatomía y actitud del cuerpo se refiere, el neoclasicismo augusteo impone modelos policléticos: en la presente obra se aprecia claramente la imitación del Doríforo o el Hermes del gran artista argivo. Lo único que modifica los ritmos y armonías clásicos es el giro de la cabeza y del brazo derecho, colocado en actitud de apoyarse en una lanza. Si el restaurador del siglo XVII reconstruyó la postura general de la estatua -el brazo derecho fue tallado ya en la antigüedad como un bloque aparte-, fue en cambio responsable del discutible bastón de general que el personaje empuña y, sobre todo, se arriesgó a completar el torso con una cabeza nueva de Augusto. Acaso no se equivocase: si la escultura, por el tratamiento de sus paños, ha de ser de la época de Claudio (41-54 d.C.), sólo pudo representar a los tres emperadores anteriores divinizados tras su muerte: Cesar, Augusto o Tiberio. Calígula, como sabemos, se quiso hacer dios en vida, pero sufrió la "damnatio memoriae" y destrucción de sus imágenes cuando fue asesinado.

 
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