Num. de catálogo
P01219
Autor
Velázquez, Diego Rodríguez de Silva y (Taller de)
Título
Felipe IV armado, con un león a los pies
Cronología
Hacia 1638; Hacia 1665
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
234 cm x 131,5 cm
Escuela
Española
Tema
Retrato
Expuesto
No
Procedencia
Colección Real

En su estado actual, el cuadro refleja una ejecución en dos momentos muy diferentes. La edad que aparenta el modelo, y las estrechas semejanzas con el retrato de Felipe IV en edad madura del Museo del Prado (P1185) han hecho que generalmente se feche en la década de los cincuenta. Los estudios técnicos muestran importantes modificaciones, que afectan sobre todo a la cabeza y a la zona derecha de la obra. Aquélla en un principio estaba girada hacia la izquierda del modelo, su cabello era más corto, y aparentaba menos edad. La zona derecha se abría hacia una balaustrada que miraba a un amplio paisaje. También se aprecian modificaciones en el cortinaje, que ha sido ampliado. La magnitud y naturaleza de estos cambios prueban una reelaboración de un modelo anterior, sobre cuya cronología se pueden aportar varias pistas. La longitud original del cabello y los rasgos del rey nos hablan de finales de los años treinta; y el tipo de armadura es parecida a la que lucen el propio Felipe IV y el conde-duque Olivares en sus retratos ecuestres, o la que lleva Spínola en Las lanzas (P1172), todos ellos de mediados y finales de la década de los treinta. Las modificaciones a ese cuadro de finales de los años treinta debieron de hacerse a mediados de los años sesenta. Así lo prueba un retrato perdido de Carlos II niño, que se conoce porque aparece representado en la Galería de pinturas del archiduque Leopoldo Guillermo (Múnich, Alte Pinakothek), de David Teniers (h. 1610-1690). El joven príncipe tiene la misma pose que su padre; lleva una armadura parecida, cuyo yelmo reposa igualmente sobre una mesa; tiene a sus pies también un león de perfil; y está protegido por un cortinón. En la parte derecha del cuadro se abre una balaustrada similar a la que aparecía originariamente en el retrato del rey, lo que prueba que este fue modificado a partir de 1665, que es la época de la que data el retrato de su hijo a juzgar por la edad que aparenta. La supresión del fondo con la balaustrada probablemente se debe al deseo de unificar esta obra con el retrato de Mariana de Austria (P1191), que posa en un interior. Se trata de uno de los retratos de Felipe IV en los que se hace un mayor énfasis en sus responsabilidades militares. Está de pie, cubierto por una armadura, luciendo faja y bengala, que aluden a su jerarquía militar, y sosteniendo con la mano izquierda el pomo de una espada. Calza botas de montar y lleva espuelas, algo repleto de significado para el espectador de la época, habituado a relacionar el mando militar con la cultura ecuestre. Sobre la mesa descansa el yelmo y el guantelete y en el suelo vemos un león, animal tradicionalmente asociado a contextos de poder y que evoca la idea de fuerza. En cuanto a su estatus atributivo, se trata de un típico producto de "taller"; es decir, de una obra que sólo se entiende en función de su cercanía al principal retratista real, Velázquez, de quien procede la fórmula compositiva, pero cuya ejecución final recayó en manos de sus colaboradores, que imitaron los aspectos más superficiales de su escritura pictórica (Texto extractado de Portús, J.: Velázquez y la familia de Felipe IV, Museo Nacional del Prado, 2013, p. 111-113).

 
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