Num. de catálogo
P07935
Autor
Romero, Juan Bautista
Título
Florero de cristal con rosas y campanillas
Cronología
1780 - 1790
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
43 cm x 33 cm
Escuela
Española
Tema
Naturaleza muerta
Expuesto
No
Procedencia
Colección Rosendo Naseiro, Madrid; adquirido para el Museo del Prado, 2006.

Este florero y su pareja Florero de cristal con rosas y jazmines (P7934), de cuidadosa ejecución y fina exquisitez de conjunto, destaca por el calculado efectismo del cristal, en el que el autor ha desplegado un acertado tratamiento de la materia transparente, de modo que marcando las líneas principales de cada vaso con un atinado equilibrio entre realidad y evanescencia, logra que los elegantes recipientes casi desaparezcan en beneficio de los ramilletes que acogen sin alterar su configuración. De hecho, el protagonismo corresponde a las flores y las hojas mientras que los dos receptáculos se subordinan al triunfo de éstas, atrapados entre la masa floral y la base sólida, encima de la cual se asientan, siguiendo fórmulas inveteradas del género, que en la escuela española se inició con los cuadros de Van der Hamen, casi unos doscientos años atrás.

El fondo oscuro uniforme respalda ambas composiciones propiciando un tipo de relieve cuya verosimilitud tiene mucho que ver con los contrastes de luces y sombras basados en el juego de cromatismos que los ramos despliegan. Estos dos cuadros compañeros son característicos de la producción tardía del autor y describen su tendencia a desarrollar una factura leve que pretende evitar, sin conseguirlo, los contrastes excesivos entre las flores, que por su naturaleza y su presentación se contraponen, entrando en una agradable competencia estética, tal vez avivada por el conocimiento de creaciones de este carácter propias del mundo napolitano dieciochesco.

Recuérdese que la especialidad de la pintura española impulsora de los temas florales vivió una de sus etapas de amplio desarrollo e indudable esplendor durante las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX en Valencia, en donde existió una Escuela de Flores, vinculada a la industria de la seda. A tal efecto cabe recordar -en palabras textuales de Portús- que se han identificado más de ciento cuarenta especialistas en ese campo. Uno de sus más notables artistas fue precisamente Juan Bautista Romero, que desarrolló su labor en la capital del Turia y en la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro.

Precisamente, en floreros como los que aquí se tratan, impuso su propia personalidad, aun cuando existen claras referencias a los de Benito Espinós; no obstante, en estas obras destaca por su estilo, liberado completamente del que reina en sus bodegones de cacharros y comida, indudablemente hermosos, pero cuya elaboración y resultados finales pagan una crecida deuda a las fórmulas de Luis Meléndez, al que imita sin llegar a conseguir las óptimas calidades de las creaciones de éste último (Texto extractado de Luna, J. J.: El bodegón español en el Prado. De Van der Hamen a Goya, Museo Nacional del Prado, 2008, p. 136).

 
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