Num. de catálogo
P08118
Autor
Anónimo
Título
Frontal con escenas de infancia de Jesús
Cronología
Primer tercio del siglo XIII
Técnica
Temple
Soporte
Tabla
Medidas
104 cm x 135,5 cm
Escuela
Española
Tema
Religión
Expuesto
Si
Procedencia
Donación Várez Fisa y familia, 2013

Este frontal de altar o antipendium -la única pintura sobre tabla del Románico riojano que se conserva-, es una pieza singular por su estilo y composición. El marco presenta un motivo ornamental bastante repetido en el Románico, con tallos vegetales ondulados rematados en hojas y bucles. La superficie de la tabla está dividida en dos registros separados por dos arquerías formadas por cinco arcos de medio punto rebajados que apoyan en columnas decoradas con capiteles vegetales bastante sencillos. Su estructura y el que sólo se incluyan dos pasajes de la infancia de Cristo -la Adoración de los Magos en el registro superior y la Presentación de Jesús en el Templo en el inferior- no es nada habitual en esta época. Tampoco lo es la composición, ya que la presencia de los arcos obliga al artista a incluir una sola figura, identificada por la inscripción que la acompaña, bajo cada uno de los compartimentos en los que la tabla queda dividida. En la Adoración de los Magos, el pintor sigue el evangelio de Mateo (2, 12) y el apócrifo del Pseudo Mateo (16, 2). Según la fórmula más utilizada en el Románico, siguiendo el texto apócrifo, la escena se ambienta en una mansión, simulada por la estructura arquitectónica. José, sentado en un rico trono, queda relegado al extremo derecho de la tabla, sin participar en la acción. A su lado, María entronizada -como Sedes Sapientiae- está coronada y lleva el cetro con la flor de lis alusiva a su virginidad. El Niño Jesús, sentado sobre las rodillas de la Virgen, dirige sus manos hacia la izquierda para recibir el presente del primer rey, Baltasar, arrodillado ante él. A su izquierda Melchor, señala la estrella y gira su rostro hacia Gaspar, situado en el extremo izquierdo de la tabla. Tanto éste como Baltasar aparecen barbados y en edad madura. En cambio Melchor no lleva barba, como muestra de su juventud, ya que en esta época todavía no se había fijado la asociación de los Magos con las tres edades del hombre. Acorde con su cronología -románico tardío- los reyes van vestidos con un atuendo semejante al de los monarcas de la época: vestido regio con larga capa y corona. La escena de la Presentación en el Templo -según el evangelio de san Lucas (2, 22-40) y el apócrifo del Pseudo Mateo (15, 1)- se resuelve de forma desusada. Con una estricta simetría, Jesús está en el centro, de pie sobre el altar y sujeto por los brazos por san José, a la derecha, y Simeón, que porta el incensario, a la izquierda. En los extremos sitúa a las dos mujeres nimbadas -lo que no sucede con san José y Simeón- que llevan una pareja de tórtolas en sus manos veladas. A la derecha dispone a la Virgen (MARIA MATER D[OMI]NI) y a la izquierda a la sacerdotisa Ana (ANNA VIDUA). De este modo se produce una lectura de la composición de derecha a izquierda -opuesta a la habitual en el mundo occidental-. Además es José, y no María, quien presenta a Jesús, de acuerdo con el apócrifo del Pseudo Mateo. Por lo que respecta al estilo, cabe destacar el tratamiento que el autor otorga a las figuras, con los perfiles bien definidos a base de líneas simples y geométricas y la gama cromática utilizada. Asimismo son dignos de señalar sus avances en la representación del espacio, con la secuencia de arcos y la forma en la que, por exigencias de la composición, algunos personajes entran en un arco distinto del que les corresponde, como José y Simeón en la Presentación en el Templo, o Baltasar en la Adoración de los Magos. Aunque Sureda, al considerarla aragonesa, la creyó fruto del nuevo bizantinismo que penetró en Cataluña, y se extendió a Aragón, a finales del siglo XII, quizá su influjo llegó también hasta La Rioja. De no ser así, los avances que muestra la composición y la representación del espacio abogan por una cronología posterior, que situaría la obra en los inicios del siglo XIII, una época en la que ya se manifiestan las formas del estilo protogótico (Texto extractado de Silva, P.: Donación Várez Fisa, Museo Nacional del Prado, 2013, p. 10).

 
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