Hoy en el Museo

10.00hEl Prado en verano. Colección de colecciones

10.00hFormación profesorado. Cursos para profesores

11.00hItinerario didáctico

12.00hFormación profesorado. Cursos para profesores

16.00hFormación profesorado. Cursos para profesores

17.00hItinerario didáctico

Ver todo el calendario

Redes

Página del Museo del Prado en FacebookSíguenos en TwitterFoursquare. Museo Nacional del PradoGoogle PlusCanal YouTube del Museo Nacional del PradoCuenta oficial del Museo Nacional del Prado en PinterestCuenta oficial del Museo Nacional del Prado en StorifyRSS Museo Nacional del PradoNewsletter Museo Nacional del Prado
Num. de catálogo
P01247
Autor
Zurbarán, Francisco de
Título
Hércules y el Cancerbero
Cronología
1634
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
132 cm x 151 cm
Escuela
Española
Tema
Mitología
Expuesto
Si
Procedencia
Colección Real (Palacio del Buen Retiro, Madrid, 1701, [nº 260]; Buen Retiro, 1794, nº 531).

El último de los doce trabajos clásicos de Hércules tiene lugar en el infierno, el reino de la oscuridad guardado por el Cancerbero, un terrorífico perro provisto de tres cabezas que permitía la entrada, pero no la salida, de quienes osaban traspasar la puerta que el monstruo custodiaba. Euristeo encargó a Hércules bajar a los infiernos para atrapar al can y llevarlo ante su presencia. El héroe hubo de doblegar al fiero guardián sin atacarlo, aunque lo amenazó con la clava o garrote para poder encadenarlo. Así se ve en esta escena emparentada con la representación de la lucha con la hidra de Lerna, tanto por la actitud de Hércules como por la imagen que se ofrece de estos animales fabulosos. El relato que sigue este lienzo es el que describe, con todo lujo de detalles y fuentes, Baltasar de Vitoria, en el que se habla de la corona de álamo como elemento que sirvió de protección al hijo de Júpiter y que Francisco de Zurbarán se cuidó de pintar rodeando la cabeza del héroe. Según refiere Vitoria, Hércules llegó a los infiernos en la barca de Caronte, pero antes cortó unos ramos de álamo blanco, que había muchos en aquella ribera, y hizo una guirnalda de ellos, con los que rodeó sus sienes [...] para su defensa [...]. Sobre la interpretación que puede hacerse de la captura del Cancerbero por Hércules, podemos aludir, además de la consabida relación entre la fuerza y astucia desplegada por Hércules y la manifestada por su descendiente, el rey de España, la opinión de Juan Pérez de Moya en su Filosofía secreta: Cancerbero representa todos los vicios que Hércules venció y sojuzgó, alcanzando con ello perpetua gloria y fama. Considerada por algunos estudiosos como una de las mejores telas del conjunto zurbaranesco, esta obra nos muestra un excelente modelado anatómico del héroe, manteniendo el mismo tipo popular y recio, el Hércules Hispanicus de manos y rostro curtidos por el sol y cabellos zaínos que se representa en todos los lienzos. Para la composición, el pintor español se basó nuevamente en la serie de Cornelis Cort. La disposición del héroe en este lienzo, se basa en la estampa que ilustra el episodio de la muerte de la hidra de Lerna, mientras que la concepción del perro y del entorno lo hacen de la estampa del mismo tema, aunque Zurbarán ideó un asfixiante escenario en el que se preocupó por detallar, a pesar de la distancia a la que sería colgada la obra , el chisporroteo del fuego, un efecto que desarrollaría aún más en la Muerte de Hércules (P1250) (Texto extractado de Ruiz, L. en: El Palacio del Rey Planeta. Felipe IV y el Buen Retiro, Museo Nacional del Prado, 2005, p. 164).

 
Ministerio de Cultura. Gobierno de España; abre en ventana nueva
España es cultura Spain is culture
Portal de la transparencia. Gobierno de España
Copyright © 2015 Museo Nacional del Prado.
Calle Ruiz de Alarcón 23
Madrid 28014
Tel. +34 91 330 2800.
Todos los derechos reservados