Num. de catálogo
O00077
Autor
Toutain, Richard
Título
Jarro de cristal con Narciso y una sirena en el asa
Cronología
1555
Técnica
Dorado; Esmaltado; Tallado
Materia
Cristal de roca / cuarzo hialino
Medidas
41 cm
Escuela
Francesa
Tema
Mitología
Expuesto
Si
Procedencia
Colección de los reyes de Navarra, desde Jeanne d´Albret, 1562-1601; se transfiere a Fontainebleau por orden de Enrique IV y a las colecciones reales del Gran Delfin, 1601-1711; Felipe V lo hereda en 1711 y pasa a formar parte de la Colección Real española.

Este jarro destaca por la importancia y belleza de sus guarniciones. Consta de dos partes: cuerpo y boca en cristal de roca; pie y asa en metal. El cuerpo es aovado, con boca de cuello alto, pico elevado y laterales en volutas. La panza se recorre por ancha franja lisa, limitada por molduras acanaladas, mientras que en la zona inferior se decora con gallones y dardos y la superior con gallones de dos altos, todo labrado en relieve con técnica correcta y paredes algo gruesas. La labor de platería acaba de perfilar el volumen del aguamanil, que se asienta sobre un pie acampanado de oro, con arabescos de esmalte negro embutido, una red de lacerías en esmalte blanco, entre las que asoman cabecitas infantiles, también esmaltadas y bocas de engaste con rubíes tallados en cabujones ovales. El asa, muy elevada, se compone de dos figuras de bulto redondo, con los torsos de plata blanca, consistente de un joven que surge de las flores y una cornucopia, y una sirena con la cola en oro. Según las fotografías HF0835/046 y HF1172, se unía al cuerpo del jarro mediante dos serpientes simuladas por un grueso cable de oro trenzado que desapareció tras el robo de 1918.En cuanto a la iconografía, es adecuado atenerse a la identificación tradicional con el mito de Narciso, no así con la identificación de las figuras como Baco y una sirena, según se cita en el inventario de 1776 y hace suya Mario Lopéz-Barrajón, proponiéndolo como un símbolo de la mezcla del agua y el vino.Por lo que respecta al cuerpo de cristal de roca, realizado en dos pedazos, su talla es de bastante espesor y se atiene al modelo milanés de gallones en la parte superior e inferior con ancha banda central (decorada o no) delimitada por molduras o filetes. Recogemos la hipótesis de Alcouffe apoyada por M. Bimbenet-Privat, acerca de la posible elaboración francesa del cristal, y, sin descartarla, la consignamos junto a una probable procedencia milanesa.En cuanto al estado de conservación, se observan leves desperfectos en el esmaltado del pie, y aparte de la mutilación del asa, se contabilizaron doce rubíes en 1746, diez en 1776 y doce en el estudio gemológico de la última edición del catálogo de Angulo (1989).Existe cierta similitud de moldeado entre el asa del jarro y las figuras de otros vasos del Prado, en concreto las dos jarros en plata dorada y esmaltada, emparentados con un tercero de oro esmaltado, núm. O00074, O00075 y O00076.Por otro lado, este vaso ya se describe, con el número “883”, en el inventario de los bienes del castillo de Pau, realizado para Jeanne D´Albert en 1561-1562, entre los objetos que componían el tesoro de los reyes de la Navarra francesa. En 1601, el inventario de Enrique IV confirma la presencia de este objeto entre los bienes reales, ya en París.El Tesoro del Delfín es un conjunto de vasos preciosos que, procedentes de la riquísima colección de Luis, gran Delfín de Francia, vinieron a España como herencia de su hijo Felipe V, primer rey de la rama borbónica española. Luis de Francia (1661-1712), hijo de Luis XIV y María Teresa de Austria, comenzó su colección tempranamente influenciado por su padre; la adquisición de obras se producía por diversas vías, desde regalos hasta su compra en subastas y almonedas. Al morir el Delfín, Felipe V (1683-1746) recibe en herencia un conjunto de vasos con sus respectivos estuches, que fueron enviados a España. En 1716 estaban en el Alcázar de Madrid, guardados en sus cajas, desde donde se trasladaron, en fecha posterior, a La Granja de San Ildefonso, lugar donde se citan a la muerte de Felipe V, conservados en la llamada Casa de las Alhajas. En 1778 se depositaron, por real orden de Carlos III, en el Real Gabinete de Historia Natural y continuaron en la institución hasta el saqueo de las tropas francesas en 1813. La devolución de las piezas se produjo dos años más tarde y con algunas pérdidas. Fue en 1839 cuando la colección llega al Real Museo, donde sufrieron en 1918 un robo. Con ocasión de la Guerra Civil española fueron enviadas a Suiza regresando en 1939, con la pérdida de un vaso, desde entonces se encuentran expuestas en el edificio Villanueva. (Texto extractado de Arbeteta, L.: El Tesoro del Delfín. Catálogo Razonado, 2001, pp.162-165).

 
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