Num. de catálogo
P07772
Autor
El Greco
Título
La huida a Egipto
Cronología
Hacia 1570
Técnica
Óleo
Soporte
Tabla
Medidas
15,9 cm x 21,6 cm
Escuela
Española
Tema
Religión
Expuesto
Si
Procedencia
Colección de Gaspar Méndez de Haro y Guzmán, VII marqués del Carpio y Heliche; probablemente en la colección de la casa de Alba; colección Antonio Gorostiza, 1904-ca. 1926; ¿colección Thomas Andrews, Londres?; vendido por Mrs. Marie Sterner en 1929 a Agnew, Nueva York y comprado ese año por el barón Robert von Hirsch, Basilea; vendido en Sotheby's Parke Bernet, Londres, 21 de junio de 1978 (lote n.º 115); vendido al Estado español en Christie's, Londres, 13 de diciembre de 2000 (lote n.º 71); adscrito al Museo del Prado, 2001.

Esta pequeña tabla, casi una miniatura, es realmente excepcional dentro de la producción del Greco. En ella ensaya la representación del paisaje como elemento esencial de la composición, además de mostrar el manejo tanto de la técnica como de los recursos expresivos de la pintura veneciana del siglo XVI.Se ilustra aquí la marcha de la Sagrada Familia a Egipto, huyendo de la persecución decretada sobre todos los menores nacidos en Belén, una vez advertido Herodes por los Reyes Magos del nacimiento del rey de los judíos. En el evangelio de San Mateo, el episodio quedó fijado de una manera muy escueta: tras la partida de los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate. Toma contigo al Niño y a su Madre y huye a Egipto; y permanece allí hasta que te avise, porque Herodes se dará a buscar al Niño para matarle. Levantándose luego tomó al Niño y a su Madre, y partió para Egipto (Mateo 2, 13 y 14).La iconografía de este sencillo pasaje fue enriqueciéndose a lo largo de toda la Edad Media, gracias a distintas tradiciones, provenientes de los evangelios apócrifos y de La leyenda dorada. La huida a Egipto conoció nuevos episodios y personajes con respecto al texto evangélico. Ninguna de las aportaciones extrabíblicas fueron incluidas en esta obra. El Greco colocó a los tres personajes esenciales del relato en medio de un hermoso paisaje de suaves colinas, en un momento del atardecer. María está sentada sobre el asno y lleva a su Hijo entre los brazos. El pequeño está representado como un niño vivaz y regordete que se gira con curiosidad para seguir los movimientos de San José, personaje empeñado en enderezar el rumbo del asno, un gesto bastante insólito, que nos remite a la representación de Correggio en La Adoración de los pastores y subraya el papel activo del santo en la huida. El Greco introdujo a la Sagrada Familia en un paisaje bastante agreste, concebido a través de una paleta ocre contrastada por el intenso cielo azul que atraviesan algodonosas nubes. La luz cálida y rasante del sol llena de luminosidad la escena y proporciona una sutil sucesión de luces y sombras. La pincelada fluida, vermicular, la concepción minuciosa y menuda de la vegetación, la sutil contención cromática y la concepción de los celajes son características de ese periodo. La pintura aparece citada por primera vez en 1682, cuando se hallaba en el Palazzo della Vigna en Roma, residencia de Gaspar Méndez de Haro, séptimo marqués del Carpio (1629-1687) (Texto extractado de Ruiz, L.: El Greco en el Museo Nacional del Prado. Catálogo Razonado, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 32 y El Greco. Guía de sala, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2011, p. 12).

 
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