Num. de catálogo
E00061
Autor
Anónimo
Título
La Musa Erato
Cronología
130 - 150
Técnica
Esculpido
Materia
Mármol
Medidas
152 cm x 74 cm x 99 cm - 830 kg
Escuela
Arte Antiguo
Tema
Mitología
Expuesto
Si
Procedencia
Colección Real (Hallada en Tívoli hacia 1500; Villa Madama; Colección Clemente VII; Colección Cristina de Suecia; Colección Odescalchi; Colección Felipe V e Isabel Farnesio, Palacio de La Granja de San Ildefonso).

La escultura de la musa Erato, inspiradora de la lírica coral sigue la historia del resto del grupo de las musas sentadas. Su torso mutilado, que ya fue dibujado por Heemskerck en el siglo XVI, recibió múltiples añadidos por parte de los restauradores de Cristina de Suecia -cabeza, brazo derecho, mano izquierda, citara, niño o Eros acompañante (sin alas), y buena parte del pedestal rocoso- y así aparece reflejado tanto por Maffei y Montfaucon como, una vez llegado a La Granja, por el dibujo 35 del Cuaderno de Ajello. La intervención de Valeriano Salvatierra fue drástica. Separó el Eros acompañante, considerado por entonces como obra antigua, convirtiéndolo en escultura aislada (E00153) y añadiéndole alas. A la vez, retiró el fragmento de roca con arco y carcaj, que se ha perdido desde entonces. Igualmente grave fue la actuación sobre la musa propiamente dicha, aunque en el inventario de 1849-57 dice: 373. una estatua de mármol de Carrara, sentada, que representa a la musa Erato. / alto 5 pies, 6 pulg. No menciona que se halle decapitada y da la altura correcta de la estatua con cabeza. Hübner, en 1862 cita como añadidos: la cabeza con guirnaldas de flores, los dos brazos y los atributos, la lira a la izquierda. Por tanto, hemos de aceptar que los restauradores neoclásicos no se limitaron a quitar la cabeza, las manos, el brazo derecho y parte de la cítara, sino que sustituyeron esas restauraciones por otras más a su gusto y con actitudes levemente distintas.  Por desgracia, y a excepción del brazo derecho de la musa, cuyo resto, sin mano, parece ser el fragmento F00032, todos los elementos retirados se han perdido, incluida la cabeza, que es la única no encontrada de las que coronaban a las musas en los siglos XVII y XVIII, y que sólo se conserva en el vaciado de La Granja.Posteriormente, en 1997 se le volvió a colocar a su lado el amorcillo (E00153), que le colocó Cristina de Suecia y que le había sido retirado hacia 1830 (por Salvatierra) (Elvira Barba, M. A.: 1998). El grupo de musas, instalado por Cristina de Suecia en una sala de su palacio, fue durante casi cien años, hasta 1774, el único grupo de este tipo que se conocía. Completadas por Ercole Ferrata, las ocho musas eran utilizadas por Cristina de Suecia para escenificar su propia presencia en la Roma de finales del siglo XVII. Cuando la reina se sentaba en el trono, situado frente a una estatua de Apolo instalada en la misma sala que las musas, asumía el puesto de la novena musa, representando así, en un lenguaje típicamente barroco, sus ambiciones científicas y artísticas. Las primeras referencias sobre la procedencia de este grupo de musas se debe a Pirro Ligorio, estudioso romano de la Antigüedad. Relata que bajo el Papa Borgia Alejandro VI (1492-1503) se habían encontrado nueve musas sedentes en la Villa Adriana, en el teatro griego de la Academia, y que habían sido trasladadas a la viña del Papa Clemente VII en el Montemare (Monte Mario). Ahí, en la Villa Madama, Marten van Heemskerck dibujó entre  1530-1532 cuatro torsos de musas sedentes. Dado que Ligorio habla de nueve musas y Heemskerck reprodujo musas de ambas series, procedentes de los dos talleres antiguos que componen el conjunto del Prado, es muy probable que ocho de las nueve mencionadas por Ligorio llegaran en la segunda mitad del siglo XVII a la colección de Cristina de Suecia. Las nueve musas que Hesíodo presenta como hijas de Zeus y Mnemósine no fueron diferenciadas hasta la época tardohelenística como diosas individuales. Los poetas las invocaban para que les trasmitiesen inspiración y noticias veraces. Las musas del Prado, representadas altas, esbeltas y sentadas en altos promotorios de roca están todas vestidas con mangas, es decir, una delgada prenda interior de la que se ven sólo las mangas abotonadas, que llegan hasta los codos. Sobre él visten otro chitón sin mangas, de una tela algo más gruesa; sobre ambos hombros esa prenda lleva broches parcialmente completados. Ambos vestidos están ceñidos bajo el pecho, bien con un delgado cordón, bien con una cinta plana. Sobre ambas prendas interiores visten un manto amplio que cubre el regazo y las piernas y arranca en el hombro izquierdo o en el asiento de roca. En sus pies se identifica un calzado cerrado con triple o doble suela. Sus atributos no fueron completados mayoritariamente hasta el siglo XVII. Éstas miran frontalmente al espectador. Mientras que el manto amplio y rico en pliegues marca el asiento generalmente ancho de las musas y otorga volumen y peso a la mitad inferior del cuerpo, el busto, de aspecto sensual gracias a la vestimenta ceñida, se caracteriza por una constitución más bien delgada y un movimiento aún bien definido.  En la vista posterior es evidente que casi todas levantan un poco el hombro y giran ligeramente el torso, saliendo del plano. Con ello se sitúan entre las representaciones de las musas con más movimiento del segundo cuarto del siglo II a. C. Las musas del Museo fueron creadas en talleres distintos, la serie A (E00038, E00068, E00041 y E00040) en uno que trabaja siguiendo las últimas novedades mientras que la serie B (E00069, E00062, E00037 Y E00061) en uno más tradicional. Aunque el trabajo de ambas es diferente, la fecha de su creación no difiere mucho. La serie A es datada a finales de la época adrianea e inicios de la antoniniana, apuntando la B hacia tiempos adrianeos también. Las musas pasaron a través de la Col. Livio Odescalchi en Roma a la Col. Felipe V en San Ildefonso (Texto extractado de Schröder, S. F.: Catálogo de la escultura clásica, Museo Nacional del Prado, 2004, pp. 204-214).

 
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