Num. de catálogo
E00038
Autor
Anónimo
Título
La Musa Talía
Cronología
130 - 150
Técnica
Esculpido
Materia
Mármol
Medidas
150 cm x 81 cm x 90 cm - 700 kg
Escuela
Arte Antiguo
Tema
Mitología
Expuesto
Si
Procedencia
Colección Real (Hallada en Tívoli hacia 1500; Villa Madama; Colección Clemente VII; Colección Cristina de Suecia; Colección Odescalchi; Colección Felipe V e Isabel Farnesio, Palacio de La Granja de San Ildefonso).

Esta musa ha sufrido a lo largo de los siglos múltiples cambios, que afectan a su propia identificación. El hecho de que la colección de Cristina de Suecia sólo constase de ocho musas, en lugar de las nueve canónicas, supuso desde el principio la necesidad de escoger entre las dos dedicadas al teatro (Melpómene para la tragedia, Talía para la comedia) a la hora de dar nombre a la aquí representada. Actualmente no hay duda, a la luz de la tipología de la máscara -cuya mitad inferior es auténtica- de la identificación de la figura como Talía; pero Cristina de Suecia quiso convertirla en Melpómene, y para ello encargó que se le colocase, entre otras restauraciones, una clava bajo la máscara: la alusión a Heracles, y a tragedias como La locura de Heracles de Eurípides o el Hercules furens de Séneca, se mostraba así de forma explícita.El motivo de esta elección se aclara cuando se reconoce la cabeza aquí figurada y hoy conservada en el Museo (E00661): se trata de una restauración barroca y en concreto de un retrato de la propia reina Cristina, que sin duda quiso representarse así como protectora del teatro y, en concreto, como constructora y promotora de un teatro en Roma; en este teatro hizo representar óperas entre 1671 y 1674, y la ópera era considerada como la recuperación moderna de la tragedia clásica.La escultura llegó a La Granja en el mismo estado en que la dejó Cristina de Suecia, lo que permitió la pervivencia de su identificación como Melpómene, hasta principios del siglo XIX. Pero al pasar la obra al Real Museo, Valeriano Salvatierra le retiró la cabeza, la clava y la mano izquierda -esta última es, casi con seguridad, el fragmento F00062- dejándola en una estado sin duda más arqueológico, pero menos reconocible. Para el inventario de 1849-57 (nº 480) es sencillamente una estatua de musa sin cabeza.Es evidente que Salvatierra pretendía reconstruir todas las musas realizándoles cabezas nuevas, pero murió sin concluir dos de ellas: la destinada a la presente obra y la que había de llevar Terpsícore. Estas dos cabezas inacabadas aparecen como tales, y como destinadas a las musas, en el inventario de 1849-57 (nº 730 y 775) y es muy probable que al menos una de ellas haya llegado hasta nosotros, conservada en los almacenes del Museo (E00646).Esta escultura permanece mutilada y descabezada durante toda la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, permitiendo a Barrón su correcta identificación como la musa Talía. Pero en 1935 se decide su restauración, colocándole encima, sin ningún criterio, la cabeza barroca que Cristina de Suecia había mandado realizar para la musa Polimnia, fruto de esa intervención desafortunada, cuyas huellas de cemento aparecen bien visibles en el cuello, es el aspecto que presenta hoy la estatua (Texto extractado de Elvira Barba, M.A.: El Cuaderno de Ajello y las esculturas del Museo del Prado, Museo del Prado, 1998, pp. 111-112).



El grupo de musas, instalado por Cristina de Suecia en una sala de su palacio, fue durante casi cien años, hasta 1774, el único grupo de este tipo que se conocía. Completadas por Ercole Ferrata, las ocho musas eran utilizadas por Cristina de Suecia para escenificar su propia presencia en la Roma de finales del siglo XVII. Cuando la reina se sentaba en el trono, situado frente a una estatua de Apolo instalada en la misma sala que las musas, asumía el puesto de la novena musa, representando así, en un lenguaje típicamente barroco, sus ambiciones científicas y artísticas.Las primeras referencias sobre la procedencia de este grupo de musas se debe a Pirro Ligorio, estudioso romano de la Antigüedad. Relata que bajo el Papa Borgia Alejandro VI (1492-1503) se habían encontrado nueve musas sedentes en la Villa Adriana, en el teatro griego de la Academia, y que habían sido trasladadas a la viña del Papa Clemente VII en el Montemare (Monte Mario). Ahí, en la Villa Madama, Marten van Heemskerck dibujó entre  1530-1532 cuatro torsos de musas sedentes. Dado que Ligorio habla de nueve musas y Heemskerck reprodujo musas de ambas series, procedentes de los dos talleres antiguos que componen el conjunto del Prado, es muy probable que ocho de las nueve mencionadas por Ligorio llegaran en la segunda mitad del siglo XVII a la colección de Cristina de Suecia.Las nueve musas que Hesíodo presenta como hijas de Zeus y Mnemósine no fueron diferenciadas hasta la época tardohelenística como diosas individuales. Los poetas las invocaban para que les trasmitiesen inspiración y noticias veraces. Las musas del Prado, representadas altas, esbeltas y sentadas en altos promotorios de roca están todas vestidas con mangas, es decir, una delgada prenda interior de la que se ven sólo las mangas abotonadas, que llegan hasta los codos. Sobre él visten otro chitón sin mangas, de una tela algo más gruesa; sobre ambos hombros esa prenda lleva broches parcialmente completados. Ambos vestidos están ceñidos bajo el pecho, bien con un delgado cordón, bien con una cinta plana. Sobre ambas prendas interiores visten un manto amplio que cubre el regazo y las piernas y arranca en el hombro izquierdo o en el asiento de roca. En sus pies se identifica un calzado cerrado con triple o doble suela. Sus atributos no fueron completados mayoritariamente hasta el siglo XVII.Éstas miran frontalmente al espectador. Mientras que el manto amplio y rico en pliegues marca el asiento generalmente ancho de las musas y otorga volumen y peso a la mitad inferior del cuerpo, el busto, de aspecto sensual gracias a la vestimenta ceñida, se caracteriza por una constitución más bien delgada y un movimiento aún bien definido.  En la vista posterior es evidente que casi todas levantan un poco el hombro y giran ligeramente el torso, saliendo del plano. Con ello se sitúan entre las representaciones de las musas con más movimiento del segundo cuarto del siglo II a. C.Las musas del Museo fueron creadas en talleres distintos, la serie A (E00038, E00068, E00041 y E00040) en uno que trabaja siguiendo las últimas novedades mientras que la serie B (E00069, E00062, E00037 Y E00061) en uno más tradicional. Aunque el trabajo de ambas es diferente, la fecha de su creación no difiere mucho. La serie A es datada a finales de la época adrianea e inicios de la antoniniana, apuntando la B hacia tiempos adrianeos también. Las musas pasaron a través de la Col. Livio Odescalchi en Roma a la Col. Felipe V en San Ildefonso (Texto extractado de Schröder, S. F.: Catálogo de la escultura clásica, Museo Nacional del Prado, 2004, pp. 204-214).

 
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