Num. de catálogo
P02625
Autor
Rico y Ortega, Martín
Título
La riva degli Schiavoni en Venecia
Cronología
1873
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
42 cm x 72 cm
Escuela
Española
Tema
Paisaje
Expuesto
No
Procedencia
Legado Ramón de Errazu, 1904

Es una de las primeras obras que Rico realizó durante su primera estancia en Venecia, en el verano de 1873. En su etapa inicial en la ciudad, el artista prefirió pintar vistas frontales de los esplendorosos edificios que se alinean en la Riva degli Schiavoni, observados desde la isla de San Giorgio o, más cerca, como parece el caso, en el agua, desde una embarcación. Aunque también abordó alguna panorámica, son más frecuentes las composiciones que acotan un fragmento de esta fachada a la Laguna, como ocurre en esta y también en otras dos vistas posteriores que ofrecen una composición similar, ligeramente variada. Rico partió de una composición casi frontal, que convierte la fachada marítima en un resplandeciente telón de fondo.Como en otras ocasiones Rico se permitió algunas licencias en la representación del natural, la más notable la eliminación del palacio de las Prisiones Nuevas que, sin embargo, pintó en las restantes vistas que se conocen, así como la supresión de varios arcos del soportal y de la logia del palacio de los Dux. Por otra parte, trató de animar la composición con numerosas embarcaciones. Otro recurso utilizado por el artista con esos mismos propósitos fue el análisis de los reflejos en las aguas, realizados en colores muy variados. Sin embargo, sólo en algunos casos, como en los cascos del primer término, parecen observados estrictamente del natural. A lo largo de la franja de agua van alternándose columnas de reflejos oscuros, más densos, producidos ante los espacios de canales abiertos entre los edificios, con otras claras, de pinceladas más dispersas, rosas, en la parte de la izquierda correspondientes al palacio de los Dux, y blancas, creando un ritmo de intensidad decreciente de derecha a izquierda. Además, hay otros reflejos coloreados en rojo y amarillo que, a pesar de no corresponderse rigurosamente con los objetos reflejados, otorgan una intensa vibración al conjunto, sin embargo muy entonado, pues domina la tonalidad azul. El cielo, cuyas nubes rosadas dan sensación de movimiento, presta también dinamismo a la composición.A pesar del amplio número de edificios, embarcaciones y figuras representados en el cuadro, la pincelada no es minuciosa, sino de toques menudos pero bien visibles. Estos aparecen independientes en los reflejos, que muestran el conocimiento que tenía Rico del recurso impresionista de la división de la pincelada, aunque no lo aplicó en el grado de los artistas franceses, a varios de los cuales, especialmente a Camille Pissarro, había tratado en los años anteriores. La ejecución de las superficies de la mayoría de las velas es muy cuidadosa y la nitidez de sus diferentes colores procura la mayor vivacidad a la composición. En los edificios el toque es más pastoso, a veces muy amplio, y con él Rico consigue efectos de color de exquisita calidad, especialmente en las gamas azuladas, verdes, rosas y amarillas (Texto extractado de Barón, Javier: El paisajista Martín Rico: (1833-1908), Museo Nacional del Prado, 2012).

 
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