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Num. de catálogo
P02981
Autor
López Portaña, Vicente
Título
La señora de Delicado de Imaz
Cronología
Hacia 1833
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
109 cm x 86 cm
Escuela
Española
Tema
Retrato
Expuesto
No
Procedencia
Legado por Enrique Puncel Bouet al Museo del Prado, 1953.

La dama, de unos cincuenta años, está retratada de más de medio cuerpo, sentada en un sillón tapizado de verde sobre el que descansa un llamativo chal de cachemir, de vivos colores. Luce un vestido de terciopelo azul oscuro, y se cubre los hombros con una mantilla de blondas blanca. Ricamente enjoyada, lleva un magnífico brazalete y anillos en la mano derecha, en la que sujeta el abanico, descansando la izquierda enguantada sobre el regazo. Peinada a las tres potencias, sujeta el moño con un soberbio alfiler en forma de luna y estrella tachonado de brillantes, haciendo juego con la cadena que adorna su frente, los pendientes y el broche del escote. Del cinturón del traje pende la correa de un reloj de oro. Un ventanal y un cortinaje de terciopelo rojo sirven de fondo al retrato. El extraordinario verismo del que López hizo gala en toda su carrera hace sin duda de este espléndido retrato uno de los más impertinentes pintados jamás por el artista. En un intento de suplir la belleza que la modelo no ofrece, ésta quiso inmortalizarse -con una bien poco disimulada ostentación- luciendo sus mejores galas, pudiéndose fechar el retrato con toda precisión por la moda de su atuendo, joyería y peinado, en los últimos años del reinado de Fernando VII. La seguridad dibujística del pincel del ya anciano maestro, su sabia matización de las distintas calidades de tejidos y joyas, unidas a su especial destreza en la reproducción de las calidades táctiles de telas y objetos, sitúan esta efigie entre los retratos más refinados de plena madurez del pintor valenciano. Frente a ello, la observación atentísima y pasmosamente veraz con que está descrito el rostro de la poco agraciada señora, cejijunta y con la delatora sombra de vello sobre los labios, son prueba de la falta de razón de quienes han tachado repetidamente a este gran maestro de retratista adulador, siendo por el contrario juez implacable, extremadamente objetivo -y en ocasiones como ésta, involuntariamente cruel- con sus modelos menos apuestos. El cuadro se expuso en 1913 como Retrato de señora, y, al ingresar en el Prado, identificó a la retratada su entonces director, el pintor Fernando Álvarez de Sotomayor (1875-1960), quien, al parecer, la llegó a conocer en vida (Texto extractado de Díez, J. L. en: El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 82).

 
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