Num. de catálogo
P08041
Autor
Carolus-Duran
Título
Luis Álvarez Catalá
Cronología
1899
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
53,5 cm x 42 cm
Escuela
Francesa
Tema
Retrato
Expuesto
No
Procedencia
Luis Álvarez Catalá, 1899; Herederos de Luis Álvarez Catalá, 1901; Subastas Alcalá, Madrid, 2010.

Retrato de Luis Álvarez Catalá (Madrid, 1836-1901), pintor que estuvo estrechamente vinculado al Museo del Prado, del que fue sucesivamente Secretario, Subdirector y Director. A diferencia de lo que ocurría con otros directores, el Museo no conservaba retrato suyo. Por ello, tiene interés esta efigie realizada, además, durante el ejercicio de su dirección, con motivo del hecho más sobresaliente en ella acaecido, el homenaje a Velázquez en el IV centenario de su nacimiento, a cargo de uno de los mejores retratistas de su tiempo, profundamente relacionado con la tradición pictórica española. En efecto Carolus-Duran, que ya había descubierto a Velázquez en el Louvre durante su formación en París, vivió en España en 1866-1867. El artista estudió y copió en este Museo la obra de Velázquez, que influyó decisivamente en la concepción de sus retratos. Por otra parte, la referencia al artista sevillano fue relevante y continua en la difusión de sus enseñanzas en su atelier, como atestiguan, entre otros muchos, los ejemplos de sus discípulos John Singer Sargent y Ramón Casas. Al conmemorarse en junio de 1899 el centenario velazqueño, el Gobierno francés comisionó al pintor, en su calidad de Presidente de la Société Nationale de Beaux-Arts, para asistir a los actos celebrados en Madrid. Con ese motivo, Carolus-Duran visitó la instalación de los cuadros de Velázquez en el Prado, de la que hizo grandes elogios. La prensa vespertina del día 12 de junio recoge cómo "En prueba de su entusiasmo y su gratitud, esta mañana estuvo en el estudio de Álvarez y trazó su retrato. Es una cabeza, como ha dicho el mismo pintor retratado, digna del pincel del artista francés. Y lo más notable, es que ha hecho la cabeza en tres horas" (La Época) (Texto extractado de Barón, Javier: MuseoNacional del Prado. Memoria de Actividades, 2011, págs. 28-30).En efecto, la rapidez de la ejecución que la pintura muestra es propia de una sola sesión, que se habría realizado, según la gacetilla, en el estudio del pintor, que se hallaba en la calle de Huertas, vecina al Prado. La elegancia de los negros, grises y blancos, animados por algunos toques de color en la corbata, y la expresión contenida y ensimismada aunque afable del retratado, contrastan con el dinámico movimiento de las manchas de color del fondo, realzadas por anchas pinceladas blancas sobre los vibrantes rosas rojizos, en una resolución brillante y de efecto. En ella el artista fue fiel a su espíritu de pintar directamente sobre la tela, sin dibujo preparatorio, con una presencia destacada de la luz para articular tanto los volúmenes de la figura como la superficie del fondo. Ese equilibrio entre sobriedad y exaltación muestra una particular interpretación de Velázquez a quien, a través de la efigie del máximo responsable de su nueva presentación en las salas del Prado, rindió así homenaje singular el artista francés.

 
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