Num. de catálogo
P08043
Autor
Anónimo
Título
Mariana de Austria, reina de España
Cronología
Hacia 1655
Técnica
Óleo
Soporte
Lámina de cobre
Escuela
Española
Tema
Retrato
Expuesto
No
Procedencia
Adquisición, 1980 (Herederos de Arturo Perera y Prats)

Mariana de Austria, hija del emperador Fernando III (1608-1675) y de la infanta española María Ana de Austria, hija menor de Felipe III y de Margarita de Austria (1606-1646), nació en el Palacio Imperial de Viena el 21 de diciembre de 1634 y desde niña estuvo comprometida con su primo Baltasar Carlos (1629-1646). La prematura muerte del príncipe hizo que Felipe IV (1605-1665), viudo de Isabel de Francia (1621-1644), se comprometiera con la joven archiduquesa, que se convirtió así, tras su matrimonio, en reina consorte de España (1649-1665) y después regente, como madre de Carlos II (1665-1675). Murió el 16 de mayo de 1696 en el madrileño Palacio de Uceda. Este retrato fue pintado poco después de la boda de Mariana con Felipe IV, entre 1652 y 1655, por los mismos años en que la retrató Velázquez en la magnífica pintura del Prado (P01191); recuerda también al busto inacabado del Meadows Museum (inv. 78.01). Es una obra de calidad, realismo, vivacidad y austeridad, dentro de los cánones del retrato cortesano madrileño, que algunos críticos como Perera, Gomis y Tomás, han atribuido a Velázquez. El pintor sevillano, al igual que otros grandes maestros de los siglos XVI y XVII, pintó pequeños retratos sobre naipes o chapas de cobre, muy difíciles de identificar; pero, por el momento, un pequeño retrato del conde duque de Olivares, procedente de la colección del rey Carlos IV, es el de más segura autoría. Sabemos que Velázquez pintó este tipo de retratos desde su llegada a Madrid pues, como pintor de corte, estaba dentro de sus cometidos la realización de estos retraticos de la familia real y también de su valido el Conde-duque, cuya finalidad era doble: por un lado, cumplían la función de regalo de Estado y, por otro, el de retrato íntimo. Según la documentación conservada, en 1627 Velázquez pintó una pareja, due ritrattini, para Vincenzo II Gonzaga, conde de Mantua. En 1629, otros dos, uno del rey y otro de su valido para el marqués de Montesclaros. Años después, en 1638, realizó un retrato del rey para el reverso de una joya de diamantes con forma de águila, destinada a Francisco I de Este, duque de Módena, y en 1640, unos retratos de la reina para joyas que debían enviarse a Marie de Rohan, duquesa de Chevreuse, por medio del marqués Virgilio Malvezzi, aunque no existe certeza de si los llegó a pintar. Estas referencias informan del papel desempeñado por este tipo de retratos en las relaciones diplomáticas de la corte española. Sin embargo, el pequeño retrato de la reina Mariana del Museo del Prado y otro, que probablemente también la represente, del Museo Lázaro Galdiano, hablan del uso privado de este tipo de pintura. Presentan mayor tamaño y un formato rectangular, lo que indica que su destino no fue una joya sino un retrato para ver en la intimidad que podía guardarse y ocultarse con facilidad. Velázquez pintó pequeños retratos pero, la mayor parte de los requeridos fueron pintados por otros artistas, tal vez Eugenio de las Cuevas, Diego de Lucena, Tomás de Aguiar o Francisco Palacios. De todos ellos, la documentación que conocemos es mínima. El madrileño Eugenio de la Cuevas (1613-1667) en pequeño pintaba cosas de muy buen gusto: como son laminitas para joyas, y retratos pequeños; el andaluz Diego de Lucena los hacía con superior excelencia, en lo grande y en lo pequeño; y Tomás de Aguiar, activo en Madrid a mediados del siglo XVII, con gran crédito retrató al óleo en pequeño con semejanza y buenas máximas (Texto extractado de Espinosa, C.: Las miniaturas en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, Museo del Prado, 2011, pp. 26-27).

 
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