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Num. de catálogo
P02258
Autor
Lorena, Claudio de
Título
Paisaje con las tentaciones de san Antonio
Cronología
Hacia 1638
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
159 cm x 239 cm
Escuela
Francesa
Tema
Religión
Expuesto
Si
Procedencia
Colección Real (Palacio del Buen Retiro, Madrid, 1701, [nº 168]; Buen Retiro, 1772, nº 168; Buen Retiro, 1794, nº 767).

El santo aparece entre ruinas implorando la ayuda de Dios ante la presencia de unos diablillos de aspecto naif que alteran su retiro espiritual. El elemento más destacado de esta pintura es su sofisticada iluminación, de procedencia, calidades y valor simbólico extremadamente complejos. Existe un primer foco que manifiesta la presencia de la divinidad a través de un rayo de luz, cuyo origen se sitúa en el extremo superior derecho, iluminando al propio santo. Este rayo define la línea diagonal que divide el cuadro, con la parte más oscura delante, ocupada por un edificio ruinoso, y la más luminosa detrás, abierta al paisaje. Los insidiosos diablillos encienden hogueras que configuran el segundo plano, mientras que la luna envuelve el fondo de la composición con una luz gris azulada que clarea en el último plano. Por su carácter nocturno, constituye un capítulo inédito en la pintura del lorenés (Rand, 2006), que bien pudo tomar de Agostino Tassi. Las edificaciones que aparecen al fondo, así como el puente que cruza el río, fueron utilizados poco después en la pintura Paisaje con campesinos (1638-39, Reino Unido, colección particular; Roethlisberger, 1961).

La obra forma parte de la llamada primera serie de paisajes encargados para la decoración del Palacio del Buen Retiro, fechados entre 1636 y 1638. Junto con esta, en el grupo se encuentran las siguientes pinturas de Lorena: Paisaje con San Onofre (P2256), Paisaje con una monja mercedaria (P2259) y Jacob cuidando los rebaños de Labán (colección particular). Como en el resto de la serie se aprecia la colaboración de otro pintor, responsable de la figura del santo, sin que la crítica haya avanzado en este punto desde que Roethlisberger en 1961 señalara que el anónimo artista podría no ser italiano. Como en el resto de las pinturas pertenecientes a esta serie, Lorena se apartó de las constantes que habían definido hasta entonces su pintura, sin duda por exigencias del comitente. Ni el tamaño, inusualmente grande, ni la temática religiosa, ni la figura del eremita, también de considerables dimensiones y pintada por otro artista, son características habituales de su pintura.

Existe unanimidad en afirmar que Lorena agrupó todas sus pinturas españolas por parejas. En los antiguos catálogos del Prado esta se asociaba con el anacoreta que habitualmente se identifica con San Onofre, hasta que Roethlisberger, y con él toda la crítica posterior, propuso emparejarlo con la Santa María de Cervelló. Sin embargo, la disposición de las pinturas de anacoretas en la Testamentaría de 1701 muestra que son muchas más las combinaciones posibles.

Esta pintura es la única de la primera serie de la que se conserva un dibujo en el Liber Veritatis, en papel azul, que porta en el reverso la inscripción autógrafa: per il Re di Spagna y, con otra tinta, también autógrafa: Claudio fecit in V.R. Su inclusión en este libro constituye uno de los argumentos más sólidos para datarlo en una fecha próxima a 1638, puesto que el dibujo correspondiente a esta pintura se encuentra situado junto con los que se fechan con seguridad en ese año. Presenta un delicado estado de conservación como consecuencia de la degradación irreversible de los tonos tierra.

La formidable campaña de adquisiciones de obras de arte organizada por el conde-duque de Olivares en los años cuarenta del siglo XVII para decorar los amplios espacios del palacio del Buen Retiro de Madrid incluía un número muy notable de paisajes. No podemos precisar cuántos de ellos, poco menos de doscientos, fueron comprados en Flandes o en España, ni cuáles procedían de colecciones particulares o de otros Reales Sitios, pero podemos establecer con certeza, gracias a las obras que se conservan en el Museo del Prado y a los documentos localizados hasta la fecha, que el palacio del Buen Retiro se enriqueció con numerosos paisajes pintados para la ocasión por artistas activos en Roma.

Se encargó como mínimo, una serie de veinticuatro paisajes con anacoretas y una decena de paisajes italianizantes, obras de gran formato realizadas por diferentes artistas. Sólo una parte de estas pinturas han llegado hasta nosotros y en la actualidad se conservan principalmente en el Museo del Prado.

Encargadas entre 1633 y 1641 en Roma, estas pinturas de paisaje componían, una vez expuestas en el Buen Retiro, una temprana antología de ese nuevo pintar del natural que, en años venideros, exportaría a gran parte de Europa una nueva sensibilidad hacia los efectos lumínicos y la atmósfera de la campiña romana, lo que representaba uno de los muchos aspectos de la clasicidad (Texto extractado de Úbeda de los Cobos, A.: Roma: Naturaleza e Ideal. Paisajes 1600-1650, Museo Nacional del Prado, 2011, p. 191; Capitelli, G. en Úbeda de los Cobos, A.: El Palacio del Rey Planeta. Felipe IV y el Buen Retiro, Museo Nacional del Prado, 2005, p. 241).

 
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