Num. de catálogo
P06686
Autor
Rico y Ortega, Martín
Título
Un paisaje del Guadarrama
Cronología
1858
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
69 cm x 100 cm
Escuela
Española
Tema
Paisaje
Expuesto
No
Procedencia
Nuevas Adquisiciones Museo de la Trinidad, 1859; Museo de Arte Moderno.

La preferencia de Rico por la sierra del Guadarrama como asunto de sus cuadros data, al menos, del verano de 1858, fecha en la que pintó este. Es, por tanto, anterior a los años en que el motivo se hizo familiar entre los artistas, tras la inauguración, en 1861, del ferrocarril entre Madrid y Villalba, que facilitó el acceso y, por ello, fue considerado como una especie de "incunable" de este paisaje.La presencia de grandes pinos en el primer término, los convierte en protagonistas del paisaje. En sus acuarelas Rico los había estudiado con detalle y con ellas se relaciona, asimismo, el modo de perfilar las luces en los troncos y las ramas. La sucesión decreciente de los árboles desde el más próximo, que recorta su copa contra el cielo, hasta los más alejados, hacia la derecha, encuentra un eco en el declive gradual de los perfiles de las montañas. Este tipo de composición de fondo, influida todavía por el romanticismo en el que se había formado, se prolongaría aún, en 1862, en obras como el "Paisaje de Suiza". Las nubes en el centro circundan la línea de cumbres más altas en un efecto que viene a acentuar su magnitud y su lejanía. La pendiente que desciende hacia la derecha del fondo montañoso, en el que van surgiendo estribaciones en planos cada vez más alejados, concierta con la disminución de la intensidad del colorido que va desde el azul brillante de la parte superior hasta el más claro hacia ese lado. Además, las nubes se tiñen allí de rosa, arrojan su sombra en franjas oscuras, que alternan con otras claras, sobre la llanura del fondo, y señalan los distintos términos de profundidad justamente donde se percibe el atardecer.Otro recurso propiamente romántico, habitual en otros artistas que abordaron motivos de montaña, es el del tronco cortado en el primer término, que Rico había utilizado ya en sus acuarelas. En este caso se trata de una verdadera "naturaleza muerta", en contraste muy expresivo con la viveza de los pinos cuyas copas agita el viento. Como otras ramas cortadas a su lado, hace referencia a la actividad maderera desarrollada en la Sierra, a la que aludió también en sus memorias. El interés en las piedras del primer término y la atención a los musgos de las rocas en una gama de ocres rojizos y las hierbas, que detalla con minuciosidad, dejan ver el propósito naturalista del pintor (Texto extractado de Barón, Javier: El paisajista Martín Rico: (1833-1908), Museo Nacional del Prado, 2012).

 
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