Tríptico con pasajes de la vida de Cristo
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Num. de catálogo
P02538
Autor
Maestro de Collins
Título
Tríptico con pasajes de la vida de Cristo
Cronología
1445 - 1450
Técnica
Óleo; Grisalla
Soporte
Tabla
Medidas
78 cm x 134 cm
Escuela
Flamenca
Tema
Religión
Expuesto
Si
Procedencia
Convento de monjas de la Encarnación, Valencia; adquirido a Eduardo Arévalo Carbó en 1931

El Tríptico con pasajes de la vida de Cristo que conserva el Museo del Prado es una obra decisiva en la historia de la pintura valenciana del siglo XV y en la transmisión del estilo y la técnica de Jan van Eyck a la Península Ibérica. La tabla ingresó en la colección del Prado en 1931, procedente del convento carmelita de la Encarnación de Valencia, fundado en 1502. En aquel entonces se consideró obra anónima de muy difícil clasificación, y se expuso inicialmente con la escuela flamenca, al lado de obras de Gérard David, Jan Gossaert y Bernard van Orley. Desde 1943, a raíz de una sugerencia de Post, es opinión unánime que su autor fue un artista flamenco activo en Valencia y que fue pintado en la década de 1440. El candidato obvio era Louis Alincbrot, un pintor documentado en Brujas en 1432-37, que en 1439 estaba afincado en Valencia y en 1463 ya había muerto en esta ciudad. Pero un examen atento del tríptico, unido al repaso de lo que sabemos sobre Alincbrot por documentos de archivo, arroja una historia distinta sobre su producción y sobre su autoría. Parece seguro que ni se hizo en Valencia ni lo hizo Alincbrot. Es posible identificar a su nuevo autor, pero no ponerle nombre, lo que nos permite ampliar lo que sabemos acerca de la pintura flamenca de la época, el impacto de las obras de Van Eyck sobre los artistas de la década de 1440 y la adquisición de pinturas norteñas en la corte de Alfonso V de Aragón.

El tríptico del Prado, cerrado, presenta una Anunciación en grisalla, con figuras de piedra fingida de la Virgen y san Gabriel en un aposento (cuyas líneas ahora sólo se ven claramente en la reflectografía infrarroja), enmarcado por una tracería también fingida de piedra parda más oscura. La Anunciación en sí es iconográficamente mínima: ni paloma ni azucenas, sólo la filacteria que sostiene Gabriel con la salutación angélica, inscrita del revés para que se lea desde él hacia la Virgen. En contraste con la imaginería sobria y escueta del exterior, el tríptico abierto es rico en colorido, visualmente denso y lleno de detalle narrativo y decorativo: no menos de noventa figuras se representan en las tres tablas, sin contar las que sólo se indican mediante un sombrero o un yelmo. En la tabla lateral izquierda se ve la Circuncisión a través de la arcada de un templo gótico norteño, decorada con estatuas que deben ser de apóstoles, porque sostienen libros y cayados. El edificio tiene altos ventanales de tracería plana y está pavimentado con azulejos de reflejo valencianos en azul cobalto y oro, de un tipo que se exportó en grandes cantidades a Flandes. En la tabla central, dentro de un paisaje continuo que flanquean dos vistas urbanas fantásticas y salpicadas de torres, hay tres escenas que se desarrollan dentro o fuera de Jerusalén: Jesús disputando en el Templo con los doctores, el Camino del Calvario y la Crucifixión. En la hoja lateral derecha la Virgen sostiene en el regazo el cuerpo de su hijo, besando su mano izquierda; Juan se enjuga las lágrimas y sujeta la cabeza de Cristo; la Magdalena está sentada a sus pies, en alusión a su acción de lavarlos y ungirlos, aunque aquí no se ve tarro alguno. Tras ellos se observan un sepulcro de mármol con vetas purpúreas y una única cruz vacía (su titulus flotante se debe a que una restauración eliminó el poste que originalmente lo sostenía): las cruces de los ladrones se proyectaron en el dibujo subyacente, pero no se ejecutaron. Más allá de la cruz hay una vista de la ciudad de Jerusalén, mostrada con cierto detalle: se identifican en ella la Torre de David y el Santo Sepulcro, pero la Cúpula de la Roca está ausente. El dolor de la Virgen es claramente un tema unificador en el tríptico, pero los acontecimientos elegidos no son un conjunto de sus dolores establecido o consabido. Los sucesos escogidos en el tríptico del Prado y la forma en que están compuestos parecen centrarse intencionadamente no sólo en la compasión de la Virgen por los sufrimientos de Cristo, sino más exactamente en el concreto dolor de verse físicamente separada de él: es éste un tema recurrente en las oraciones y textos que describen y glosan su angustia al perderle en el Templo de Jerusalén y su desolación ante la inminente despedida de su cuerpo en la Piedad.

Aunque la propia iconografía indica que el tríptico respondió a un encargo especial, lo confirman los cinco escudos de armas insertos entre las inscripciones del marco inferior. Estos escudos pueden relacionarse con los que aparecen en las miniaturas de un manuscrito que celebra el ingreso de Eximén Pérez de Corella, gobernador general del reino de Valencia y conde de Cocentaina, y su hijo Pedro Roís de Corella en la cofradía de Santa Marta en Nápoles, manuscrito iluminado en las décadas de 1440 y 1450, así como los azulejos de cerámica vidriada recuperados del castillo de la familia Corella en Elda (Alicante), fechados en la década de 1440. Eximén Pérez de Corella (m. 1457) fue el primer miembro de la familia en ostentar esas armas reales, que el rey le otorgó como reconocimiento tras la conquista de Nápoles en 1442, cuando estuvo entre los primeros en escalar las murallas de la ciudad. En efecto, fue uno de los jefes militares de más antigüedad y confianza de Alfonso V, miembro de su círculo privado en Nápoles durante la década de 1440, y uno de los mejores diplomáticos y administradores con los que contó el monarca. Aunque no se puede descartar que el tríptico fuera un encargo de uno de los hijos de Eximén (que pudieron haber usado el escudo en vida de su padre), considerando la cronología, así como la importancia del personaje, su posición en la corte y, cabe sostener, su gusto, Eximén es con mucho el candidato más probable para su mecenazgo.

El soporte está formado por tableros de roble del Báltico, como denota su fibra muy densa y regular, visible en la radiografía y en el reverso. El roble del Báltico es típico de las tablas de los Países Bajos. Si el tríptico del Prado hubiera sido construido en Valencia, lo habría sido por un carpintero norteño y con materiales norteños, hipótesis poco probable. La realización de este tríptico en los Países Bajos del sur está asimismo corroborada por su estilo, que debemos poner en relación con el Maestro de Collins, un iluminador -activo en Amiens a comienzos de la década de 1440- denominado así por el nombre de quien fuera propietario en el siglo XIX del manuscrito de Filadelfia (Philadelphia Museum of Art, MS 45-65-4), Philip S. Collins.

Devolver el tríptico al norte de Europa encierra repercusiones importantes. Amplía nuestra idea de la adquisición de pinturas flamencas sobre tabla por la corte de Alfonso de Aragón. También lo inserta firmemente en la crónica de la pintura primitiva de Flandes, suministrando un claro nexo entre la iluminación parisiense de 1410-30 y la pintura de Brujas (Texto extractado de Nash, S.: "El mito de Louis Alincbrot: resituar el Tríptico con pasajes de la vida de Cristo del Prado", Boletín del Museo del Prado, XXXII, 50, 2014, pp. 175-191).

 
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