Num. de catálogo
P03150
Autor
Anónimo
Título
Retablo de San Cristóbal
Cronología
Finales del siglo XIII
Técnica
Temple
Soporte
Tabla
Medidas
275,3 cm x 189,1 cm
Escuela
Española
Tema
Religión
Expuesto
Si
Procedencia
Donación José Luis Várez Fisa, 1970

El Retablo de san Cristóbal es un ejemplo destacado de la tipología de retablo en forma de pentágono que se manifestó en la corona castellana durante los siglos XIII y XIV, y de la que apenas quedan ejemplares. Presenta una superficie lisa, sin elementos estructurales que la articulen. Es la propia pintura la que define un encasamento central flanqueado por dos calles que se dividen en tres registros superpuestos y se coronan por otro en forma de trapecio. La parte superior se remata por un compartimento a modo de ático -romo actualmente, pero apuntado en origen-. Todo el retablo está bordeado por un marco sobrepuesto en el que se alternan escudos de Castilla y León y rosetas excavadas. Aunque el retablo tiene como santo titular a san Cristóbal, que ocupa el encasamento central, los laterales no incorporan un ciclo dedicado a su vida, como cabría esperar, sino pasajes de las vidas de tres santos distintos, identificados por las inscripciones situadas en las bandas que separan los encasamentos. En los tres compartimentos de la izquierda se representan escenas de la vida de san Pedro; de arriba abajo: Vocación de san Pedro y san Andrés, Reprensión de Ananías y de su esposa Safira y Crucifixión de san Pedro. En los dos compartimentos superiores de la derecha se incluyen dos pasajes de la vida de san Blas; de arriba abajo: San Blas cura al niño asfixiado y Decapitación de San Blas y en el inferior de la derecha uno de la vida de san Millán: San Millán expulsa a los demonios. Completan la iconografía del retablo, la Crucifixión del ático y dos ángeles turiferarios arrodillados en los espacios situados sobre los tres encasamentos laterales. Todo apunta a que el comitente reunió un conjunto de imágenes de santos que gozaban de popularidad al ser protectores contra algunos de los males más temidos por los fieles. Y ninguno mayor que el de la muerte súbita contra el que protegía san Cristóbal -además de auxiliar a los caminantes-; los males de garganta -especialmente en el caso de los niños- frente a los que protegía san Blas, o la constante lucha contra el demonio en el caso de san Millán, que abanderaba los exorcismos. Distintas son las escenas de la vida de san Pedro. La elección de los temas podía servir para recordar a los fieles sus compromisos con la Iglesia, a la par que mostraba los beneficios inmediatos que se obtenían con el culto a los santos. El pintor representa a san Cristóbal en posición frontal, apoyándose en un árbol con la mano derecha y con una rueda de molino en la mano izquierda para demostrar su enorme fuerza, mientras está cruzando el río, materializado aquí por los peces y anguilas que se mueven entre sus piernas desnudas. Tiene la saya recogida en el cinto, en el que sujeta a dos figurillas -caminantes a los que ayuda a vadear el río- y lleva sobre sus hombros al Niño Jesús, al que agarra por una pierna. La inscripción -GE[S]US XPS- situada en la banda que delimita la parte superior del encasamento central del retablo identifica a Jesús, que lleva el orbe en la mano izquierda mientras bendice con la derecha. El estilo que muestra este Retablo de san Cristóbal, ejemplo destacado de la pintura de estilo Gótico lineal en Castilla, permite datarlo a finales del siglo XIII. Tanto la vivacidad de las figuras como los tocados femeninos y las barbas y cabellos masculinos, abogan por esta cronología (Texto extractado de Silva, P.: Donación Várez Fisa, Museo Nacional del Prado, 2013, p. 14).

 
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