Num. de catálogo
E00962
Autor
Anónimo
Título
Retablo de san Juan Bautista
Cronología
Último cuarto del siglo XIII
Técnica
Tallado
Soporte
Tabla
Materia
Madera
Medidas
250,5 cm x 198,2 cm x 12,3 cm
Escuela
Española
Tema
Religión
Expuesto
Si
Procedencia
Donación Várez Fisa y familia, 2013

El Retablo de san Juan Bautista pertenece a una tipología similar a la del retablo del monasterio benedictino de Santa María de Mave (Palencia), aunque supone un paso más en la evolución del retablo en el siglo XIII. A pesar de que están formados por dos piezas separadas: frontal o antipendium (debajo) que iría originalmente delante del altar, y retablo (arriba) que estaría situado encima del mismo, se produce un compromiso entre ellas que, sin duda, constituye el paso previo al concepto de retablo como pieza única e independiente. En el caso del retablo de Mave existen notables diferencias de tamaño, estilo e iconografía entre sus dos piezas, lo que nos permite concluir que no se hicieron a la vez, a diferencia de lo que sucede con el de san Juan Bautista en el que la uniformidad de los dos elementos nos indica que debieron llevarse a cabo al mismo tiempo. Dada su forma pentagonal, el retablo -refiriéndonos aquí a la pieza superior- está compuesto por un cuerpo rectangular y rematado por un ático en el que se incluían la Crucifixión -perdida, como ya se ha comentado- y dos ángeles a los lados que se conservan. Este cuerpo -al igual que antes los frontales románicos y protogóticos- se construye en torno a un eje y se divide verticalmente en tres calles. La central, destinada a acoger bajo un arco trilobulado acastillado al titular del retablo, es más estrecha que las laterales y ocupa toda la altura del retablo, mientras que las laterales se distribuyen en dos registros superpuestos en los que, también bajo arcos trilobulados acastillados, se disponen cuatro relieves con escenas de la vida del Precursor. Dado que el espacio es más ancho que alto, el artífice -o taller que llevó a cabo la obra- incluyó en ocasiones más de un pasaje en el mismo encasamento. De izquierda a derecha y de arriba abajo se representan: en el primero la Visitación y el Nacimiento del Bautista, en el segundo Zacarías escribiendo el nombre de san Juan, en el tercero el Bautista muestra al Redentor al pueblo -el Ecce Agnus Dei- con Cristo bajo la forma simbólica de un cordero, y el Bautista con sus seguidores, y en el cuarto San Juan bautizando a los fieles en el Jordán, el Bautismo de Cristo y la Predicación el Bautista. El frontal ya no está compuesto simétricamente, con una calle central para la imagen del titular y dos cuerpos superpuestos a ambos lados para las demás figuras o escenas, como se hacía en los frontales románicos y protogóticos. Los pasajes de la vida del Bautista se dispusieron en dos registros superpuestos, divididos verticalmente en cuatro calles -todas ellas del mismo tamaño- que acogen ocho relieves bajo arquerías trilobuladas acastilladas. En este caso, al ser el espacio disponible casi igual de alto que de ancho, se incluye sólo un pasaje de la vida del Precursor en cada encasamento. De izquierda a derecha se representan: en el registro superior el Bautismo de Cristo, San Juan amonestando a Herodes y Herodías, San Juan llevado ante Herodes y la Decapitación del Bautista, y en el inferior Salomé presenta la cabeza del Bautista a Herodes y Herodías, Los discípulos transportan el cuerpo sin cabeza del Bautista, Una mujer transporta la cabeza de san Juan y el Entierro del Bautista. Las arquerías trilobuladas junto con la forma en la que el artífice representa las figuras confirman su pertenencia al arte gótico. No obstante, mientras que en el Retablo de san Cristóbal (P3150) las figuras muestran unas proporciones alargadísimas, en este retablo se caracterizan por su canon corto, que las aleja de la elegancia y el ritmo curvilíneo de la pintura del Gótico lineal, pero, aún así, no están exentas de gracia. Como es habitual en estos momentos iniciales del Gótico, el artífice no duda en jugar con las escalas y recurrir a la perspectiva axiológica cuando aumenta el número de figuras, como se constata en la escena del Bautismo de los fieles del encasamento inferior derecho del retablo. Por último, cabe destacar la manera de representar al Bautista, con los cabellos cubiertos por un gorro y sin el traje de piel de cordero con el que se le mostrará en las fases posteriores del Gótico (Texto extractado de Silva, P.: Donación Várez Fisa, Museo Nacional del Prado, 2013, p. 12).

 
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