Num. de catálogo
E00099
Autor
Anónimo
Título
Retrato en bronce de un Diádoco
Cronología
290 a.C. - 280 a.C.
Técnica
Fundido; Cincelado
Materia
Bronce
Medidas
45 cm x 35 cm x 39 cm - 23,2 kg
Escuela
Arte Clásico
Tema
Retrato
Expuesto
No
Procedencia
Colección Real (adquirido por Isabel Farnesio en Parma; colección Felipe V, Palacio de La Granja de san Ildefonso).

La impresionante cabeza de bronce se ha conservado sin atributos fisonómicos inequívocos ni rasgos claros de un retrato, por lo cual resulta difícil determinar la identidad de la persona representada. Resultan significativas tan solo las medidas monumentales, que sugieren una estatua de bronce de aproximadamente 3,50 m. de altura, así como el peinado, típico de las obras de Alejandro Magno; es posible que se trate del retrato de un soberano helenístico o bien de la cabeza de una estatua monumental de un dios. La parte del nacimiento del cabello que aún se conserva debajo de la gran rotura, por encima del ojo izquierdo muestra que la primera serie de rizos ascendía en forma de una llama sobre la frente para caer suelto sobre las sienes hacia abajo. La alta calidad del trabajo se aprecia particularmente en la magistral elaboración de la cabellera, cuyos densos bucles en forma de hoz están distribuidos vivamente y de forma variada sobre la cabeza; compárese la parte posterior y la parte rizada en la sien izquierda, donde las ondas están peinadas en parte hacia adelante, al mismo tiempo que suben o apuntan hacia atrás como lenguas. En particular, las puntas de los rizos encima de la frente están ejecutados como elementos exentos. La cara amplia, que contrasta con la cabellera, se estrecha hacia abajo y conduce a un mentón robusto. La mitad izquierda de la cara es más ancha que la derecha, probablemente porque la cabeza estaba algo girada hacia la izquierda. Debajo de una frente convexa y unas cejas distendidas se hallan unos ojos grandes y muy abiertos (el ojo izquierdo está rehundido); la boca, de labios anchos, está ligeramente abierta. Mientras que la vista frontal de la cabeza representa los rasgos faciales ideales de un héroe y tanto en lo referente al estilo como al motivo es comparable con el Hércules Landsdowne y el Meleagro, ambos creados por Scopas hacia 340 a.C., en las vistas de perfil pueden apreciarse los rasgos de un retrato. La convexidad abombada de la frente, que afecta también a la raíz nasal, los ojos situados a bastante profundidad en la cara, el mentón anguloso y la región de la boca, separada por marcadas arrugas verticales, con el labio inferior situado algo más atrás, recuerda las acuñaciones -aún más realistas- de Ptolomeo I de aproximadamente 300 a.C.; también la parte rizada delante de la oreja izquierda aparece como un rasgo individual. Dicho contraste entre una vista frontal ideal y una vista lateral con rasgos individuales se presenta de forma similar en tres retratos tempranos de los Diádocos, todos sin identificar que a primera vista se parecen a las cabezas de las estatuas de mancebos realizadas por Scopas pero que de perfil se manifiestan como retratos, debido a sus diademas de soberano y a sus facciones individuales. La identificación de los soberanos con diversos dioses y héroes, cuyo poder divino y características específicas ellos personifican -una idea difundida particularmente desde tiempos de Alejandro Magno en los países orientales de la región mediterránea-, es adoptada también por los sucesores de Alejandro, los Diádocos. Mientras que los tres Diádocos mencionados imitan al héroe cazador Meleagro, no sólo como modelo estilístico sino tal vez también como modelo heroico, la monumental cabeza de mármol -de Éfeso, creada hacia 290-80 a.C.-, similar a la cabeza madrileña en su enorme plasticidad, retrata probablemente a Lisímaco representando a Hércules. Otro retrato de mármol en Copenhague, también al doble del tamaño natural, cuya parte posterior (añadida) no se ha conservado, casi puede ser calificado de repetición de la cabeza de Madrid en lo que se refiere a la organización de los rizos y al perfil, si bien el óvalo de la cara es más delgado; los cuernos de toro, que en parte se conservan, señalan que este soberano era identificado con Dioniso. Desde el punto de vista estilístico, la cabeza de Madrid parece ser anterior al retrato de Pirro y a los retratos de Demetrio Poliorcetes, es decir, probablemente haya sido creada por la misma época que el Lisímaco de Éfeso, datado hacia 290/80 a.C., entre otras razones, en función del lugar del hallazgo; igualmente puede compararse con el Diádoco de Leiden, representado también sin diadema. La estatua monumental del Diádoco cuya identidad se ignora, a la cual pertenece la cabeza madrileña, podría haber poseído los atributos de Hércules, de Hermes o de un Dioscuro (Texto extractado de Schröder, S. F.: Catálogo de la escultura clásica, I, Museo Nacional del Prado, 2004, pp. 67-69).

 
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