Num. de catálogo
P00427
Autor
Tiziano, Vecellio di Gregorio
Título
Ticio
Cronología
Hacia 1565
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
253 cm x 217 cm
Escuela
Italiana
Tema
Mitología
Expuesto
Si
Procedencia
Colección Real (Real Alcázar, Madrid, salón de los espejos-cuartos principales, 1700, nº 3; Palacio Real Nuevo, Madrid, primera sala de la Furriera, 1747, nº 31; Palacio Real Nuevo, Madrid, antecámara de su majestad, 1772, nº 31; Palacio Real Nuevo, Madrid, antecámara, 1794, nº 31; Palacio Real, Madrid, antecámara, 1814-1818, nº 31).

En las Metamorfosis de Ovidio se narra el sufrimiento del gigante Ticio, condenado por haber violado a la diosa Latona a que su hígado, que se regeneraba una y otra vez, fuese eternamente devorado por dos buitres. Esta obra es una réplica tardía del original pintado por el mismo artista para María de Hungría, y una de las llamadas Furias o Condenados que se conservan de su mano. Fue concebida como advertencia para quienes osasen desafiar el poder imperial, en un momento de fuerte confrontación con los príncipes protestantes. En el modo de representar los episodios se advierte la traslación de elementos de iconografía cristiana a la mitología. Para visualizar el Hades, Tiziano recurrió a fuegos, mientras el carácter negativo de los personajes se sugiere acompañándolos de serpientes, elementos ignorados por Ovidio, y presentes también en el grabado del desaparecido Tántalo. Las Furias son inconcebibles sin la experiencia romana de Tiziano ya que sólo tras 1546 se percibe en su obra una fusión satisfactoria de la estatuaria clásica y el arte de Miguel Ángel. Las obras están concebidas para contemplarse en alto, con figuras de monumentales anatomías, a menudo desnudas, que crean el espacio en lugar de estar dentro de él. La impronta de Miguel Ángel se percibe en la deuda de Ticio con su Castigo de Ticio (colección de la reina Isabel II, Windsor Castle, RL 1277IR), realizado en 1532 para Tomasso de Cavalieri. Este modelo explicaría por qué Tiziano mostró un águila devorando el hígado de Ticio, cuando las fuentes antiguas aluden a un buitre. Lo interesante es que, partiendo de tales premisas, Tiziano llegó mediante el color a resultados muy distintos. En el caso de esta réplica tardía, la figura de Ticio está pintada, tal y como sucede en la segunda Dánae (P425), con un óleo muy diluido que apenas cubre la trama del lienzo, cuya textura y preparación adquieren un importante valor expresivo. En cuanto al colorido, a distancia produce un efecto de falsa monocromía, de estar pintado con una gama muy reducida con predominio de tonos marrones o verde oliva que, al acercarse, revelan una extraordinaria variedad que incluye vibrantes toques en rojo y amarillo (Falomir, M.: 2003). Además de la citada influencia de Miguel Ángel, ha pasado inadvertida otra posible fuente de inspiración: la écfrasis que, de un Prometeo del pintor griego Euantes, incluyó Aquiles Tacio en la Historia de los amores de Leucipe y Clitofonte, libro III. Tiziano estaba de hecho familiarizado con este texto del escritor alejandrino del siglo II de nuestra era, cuya écfrasis de un rapto de Europa determinó poderosamente la apariencia de su famosa pintura homónima para Felipe II (Boston, Isabella Stewart Gardner Museum). Tiziano no visualizó con tanta fidelidad la écfrasis del Prometeo, pero es evidente que tomó de ella algunos elementos, como el ave hurgando en la herida, la contracción del cuerpo del gigante preso del dolor, los dedos de los pies en tensión, la garra del ave sobre el cuerpo o las piernas estiradas en direcciones opuestas (Texto extractado de Falomir, M.: Las Furias. Alegoría política y desafío artístico, Museo Nacional del Prado, 2014, p. 56).

 
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