Num. de catálogo
P04495
Autor
Rico y Ortega, Martín
Título
Un país, cercanías de Azañón
Cronología
1859
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
82 cm x 160,5 cm
Escuela
Española
Tema
Paisaje
Expuesto
No
Procedencia
Nuevas Adquisiciones Museo de la Trinidad, 1860; Museo de Arte Moderno.

El cuadro es el de mayores dimensiones que pintó Rico durante su primer periodo en España. Es fruto de una campaña realizada en la localidad de Azañón, cerca del municipio de Trillo (Guadalajara), en la Alcarria, junto con su amigo, el también paisajista Serafín Avendaño (1838-1916). En sus memorias, el artista creía haber llevado a cabo esa campaña en 1857, pero también indicaba que cada uno había cuidado de no ver los cuadros del otro para no verse influido, dada la proximidad del concurso de la pensión de paisaje, que se convocó mucho después, en 1861. En todo caso, dada la evolución que muestra con su obra anterior, el cuadro ha de ser, al menos, de 1859.La pintura supone, en efecto, un jalón importante en la trayectoria de Rico. El protagonismo que los fondos montañosos tienen en sus primeros trabajos se hace aquí menor. Sin embargo, las montañas, en este caso la sierra de Umbría Negra, cuyos perfiles y morfología estudió en otro lienzo, aparecen también con un declive hacia la derecha, lo mismo que en "Un paisaje del Guadarrama", en tonos azulados mucho menos intensos que los que la crítica le había reprochado en aquella obra, dado que el artista evitó aquí el atardecer. Por otra parte, modificó el paisaje a su gusto y eludió la representación del pueblo, que bajo ese punto de vista habría debido aparecer, para representar un terreno arbolado en torno a un río, próximo al Tajo, que pasa cerca de allí.En esta primera presencia de un curso de agua en su obra, asunto que sería el más importante en su producción posterior, se advierte ya la captación de los reflejos a través de pinceladas verticales, que en seguida perfeccionaría en sus obras de la Casa de Campo. La composición que, según un recurso común en el paisajismo de la época, se articula en torno a los meandros del río, revela una serenidad ya propia de su obra de madurez. Tres figuras, en primer plano un anciano pastor junto a un perro, en segundo término otro pastor junto a un rebaño y, a la derecha, una mujer, señalan el interés del artista por animar el paisaje, como es frecuente en toda su obra posterior.La asimilación por Rico de la naturaleza que estudiaba, muy distinta aquí a los ámbitos en los que había trabajado anteriormente, le hizo interpretar con acierto las tierras ricas en arcilla, características de la Alcarria, y los bien marcados volúmenes de su variado paisaje, con una armonía de rojizos y anaranjados que tiene su contrapunto complementario en los verdes de los árboles. El estudio de las luces resalta los elementos del paisaje y diferencia los reflejos de la vegetación del fondo del río de los de su orilla izquierda, más oscuros, que, junto a las sombras oblicuas del primer término a la izquierda, crean cierto dinamismo en la composición (Texto extractado de Barón, Javier: El paisajista Martín Rico: (1833-1908), Museo Nacional del Prado, 2012).

 
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