Hoy en el Museo

11.00hClaves para ver la exposición Rubens. El Triunfo de la Eucaristia

11.30hLa obra invitada

17.00hClaves para ver la exposición Rubens. El Triunfo de la Eucaristía

17.30hLa obra invitada

Ver todo el calendario
Página del Museo del Prado en FacebookSíguenos en TwitterFoursquare. Museo Nacional del PradoGoogle PlusCanal YouTube del Museo Nacional del PradoCuenta oficial del Museo Nacional del Prado en PinterestCuenta oficial del Museo Nacional del Prado en StorifyRSS Museo Nacional del PradoNewsletter Museo Nacional del Prado

María Luisa de Parma con tontillo (después de la restauración), Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo, 205 x 132 cm, 1789. Madrid, Museo Nacional del Prado

María Luisa de Parma con tontillo (antes de la restauración), Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo, 205 x 132 cm, 1789. Madrid, Museo Nacional del Prado

El Retrato de la reina María Luisa con tontillo, ingresó en el Museo del Prado en 1847, junto con su pareja, Retrato del rey Carlos IV, también de cuerpo entero, procedentes de los almacenes del palacio del Buen Retiro, donde se guardaban las pinturas de la colección real que no estaban expuestas entonces en el Palacio Real. Se depositaron en 1883 en el entonces Ministerio de la Guerra y en 1911 fueron expuestos en el recién creado Museo de Arte Moderno, aunque el de la reina regresó al Prado después de 1940, mientras que el del rey se depositó hasta 1972 en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza. Los dos retratos pasaron al Taller de Restauración en 2012, habiéndose concluido recientemente el trabajo de limpieza y conservación del de la reina, que se exhibe ya en las salas del Museo. Ambos retratos formaron parte de los que Goya pintó inmediatamente después del acceso al trono de los reyes, en diciembre de 1789, que se convirtieron en las efigies más representadas de los nuevos monarcas. El de la reina es una de las obras más pensadas y técnicamente más elaboradas y concluidas de Goya entre los retratos reales, ya que con el acceso al trono de Carlos IV y María Luisa, sus mayores valedores, su carrera cortesana experimentó finalmente un notable progreso y pronto iba a ser nombrado por ellos Pintor de Cámara. La reina viste aquí con la amplia falda o tontillo que recuerda al guardainfante del siglo XVII, adaptación, por otra parte, de los vestidos a la moda francesa de ese período, que dejaron de vestirse con la Revolución francesa. También a la manera francesa es el espectacular tocado que cubre su cabeza, la escofieta de gasas y plumas adornada aquí con cintas de brillantes, como el resto del vestido. La reina, en pie, apoya su mano derecha sobre la mesa cubierta con el manto real de púrpura y armiño, en el que descansa la corona. El aspecto amable y sonriente de la soberana es característico de los retratos que Goya hizo de ella, como también de los del rey, lo que simboliza en sus efigies la idea del Buen Gobierno, porque los monarcas debían ser afables con su pueblo y ser como padres para sus súbditos.

En esta ocasión, Goya ha elaborado una obra de técnica muy rica y elaborada, con una pintura que cubre por completo la preparación rojiza del lienzo, que sólo aparece aquí en determinadas zonas, sirviendo por ejemplo de contorno al modelado de los brazos. Por otra parte, el estudio de la luz es magistral, incidiendo con mayor o menor intensidad según cae sobre la figura desde el potente foco situado fuera del ángulo superior izquierdo. La iluminación es directa y fuerte sobre el rostro, cuya luminosidad viene realzada también por la manteleta de gasa blanca sobre los hombros y el pecho, que dirige la mirada del espectador precisamente hasta su mirada, mientras que el artista va dejando en sombra la gran falda. El sentido geométrico de la composición, con el que Goya sitúa la figura en el espacio, se aprecia en la estructura perfecta de las formas, como el modo en que está construido el tontillo, en el que incluso se evidencia la rígida armadura que procura su especial diseño.

El cuadro ha mantenido hasta nuestros días la perfecta conservación de los ricos empastes, que han conservado todo su relieve y con ello procuran aún la sutil distribución de la luz pensada por Goya. Al desaparecer con la limpieza la gruesa capa de barnices amarillentos, se ha recuperado la belleza del colorido y sus gradaciones e intensidades, como en las telas o en la delicadeza de las carnaciones. Goya demuestra aquí su capacidad para representar la realidad, todas las materias, sedas, oros, joyas, etc., en una de las obras de mayor modernidad en la variedad y abstracción de las pinceladas.

El trabajo de restauración de esta obra, además de recuperar la luz y colorido originales, ha puesto de manifiesto una vez más la técnica de Goya y el modo de ejecución de sus pinturas.

 
Ministerio de Cultura. Gobierno de España; abre en ventana nueva
España es cultura Spain is culture
Copyright © 2014 Museo Nacional del Prado.
Calle Ruiz de Alarcón 23
Madrid 28014
Tel. +34 91 330 2800.
Todos los derechos reservados