El Nacimiento de la Virgen (c.1560-70), de Luis de Morales (c.1515-1586)

Luis de Morales (c.1515-1586), El Nacimiento de la Virgen (c.1560-70), Óleo sobre tabla, 69,2 x 93,2 cm, (cat. p-7859)

Hasta su reciente aparición en el mercado londinense, El Nacimiento de la Virgen era obra inédita en la producción de Morales. Debió de pintarse para alguna de las iglesias o monasterios desamortizados en el siglo XIX; tal vez, dado su formato, conformando una predela. Es una composición excepcional tanto por el tema como por la alta calidad pictórica conseguida. Hasta ahora, no conocíamos ninguna obra del pacense en la que desarrollase este tema, realizado además con una originalidad y calidad extraordinarias. Tanto la construcción de las figuras, el dibujo minucioso de los pliegues, la paleta cromática y el sutil tratamiento de las carnaciones y los cabellos, sitúan esta obra en la década de los sesenta, los años en que Morales llevó a cabo su mejor pintura.

La Natividad de la Virgen fue asunto bastante popular en el arte cristiano, basado a partir de los Evangelios Apócrifos, dado que en la Biblia nada se dice sobre éste o cualquier otro episodio biográfico de María. A lo largo de la Edad Media, las representaciones del Nacimiento incidieron en una iconografía de tono doméstico, en el que Santa Ana aparecía acostada y rodeada de dos o tres mujeres que la asistían. Es ese el aspecto íntimo, de índole marcadamente femenina, la que subraya la composición de Luis de Morales. Santa Ana evidencia lo reciente del acontecimiento con su gesto contraído y por la mano introducida entre las mantas, como si quisiera aliviar el dolor de su vientre. Confortando a la santa, dos jóvenes, tal vez dos solícitas vecinas, le acercan un caldo y un cestillo de frutas, mientras que una tercera mujer amamanta a la recién nacida. Toda la escena adquiere un tono doméstico que, siendo habitual en esta iconografía, el pintor extremeño subrayó al componer un friso de medias figuras situadas en un primer plano, fuertemente iluminadas, en contraste con el sobrio y oscuro fondo, tan característico del pintor. También definidor del mejor Morales es la perfecta imbricación entre sofisticación y elementos populares, un aspecto que en esta tabla alcanza una espléndida singularidad en la joven de la derecha, un personaje que se abstrae psicológicamente de la escena para atraer, con su inquietante belleza y su elegancia formal, al espectador. Tanto su rostro, como su actitud, recuerdan a la doncella que acompaña a La Sagrada Familia en la tabla del mismo pintor de la Hispanic Society of America de Nueva York, una figura en la que se ha querido ver a Zelomí, la comadrona que, según los Evangelios Apócrifos, asistió a la Virgen en su virginal nacimiento. Siguen también modelos típicamente moralescos las otras mujeres de la obra y, así, podemos ver a la Dolorosa en el rostro de Santa Ana, y en el de la mujer que amamanta a la Niña —interesante derivación de una estampa de Durero— reconocemos el melancólico y dulce rostro de la “Virgen sosteniendo al Niño”, en cualquiera de las mejores versiones del pintor. — Leticia Ruiz Gómez.

Procedencia

En colección privada desde, al menos, el siglo XIX, fue subastada en Sotheby’s, Londres el 10 de julio de 2003, número 41.

Obra inédidta

Bibliografía

General: E. De Gué Trapier, Luis de Morales and leonardesque inßuences in Spain, Nueva York, 1953; J.A.Gaya Nuño, Luis de Morales, Madrid, 1961; I. Backsbacka, Luis de Morales, Helsinki, 1962; C. Solís Rodríguez, Luis de Morales, Badajoz, 1999.

Adscripción del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

 
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