El pintor Benito Soriano Murillo ( c. 1863-67), de Raimundo de Madrazo ( 1841-1920)

Raimundo de Madrazo ( 1841-1920), El pintor Benito Soriano Murillo (c. 1863-67), Óleo sobre lienzo, 92,5 x 73 cm, cat. p-7877

Aunque la obra salió a la venta como Retrato de Bartolomé Murillo, se trata de un retrato de Benito Soriano Murillo (1827-1891), pintor amigo de Federico de Madrazo y de su hijo Raimundo. La dedicatoria bajo la firma, “a su amigo B. Murillo”, revela el lazo entre ambos artistas. El representado, que se había formado como artista en Roma y en París, fue profesor de la Escuela Superior de Pintura y Escultura de Madrid y Subdirector del Museo Nacional de Pintura y Escultura entre 1865 y 1868 y desde 1881 hasta su muerte. Ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1883.

A diferencia de otros retratos de amigos pintores que realizó Madrazo durante esta década, como los de Juan Rivas y Ortiz, Francisco Lameyer y Manuel Wsell de Guimbarda, que son simplemente de busto, el pintor representa la figura de cuerpo entero, en un acomodado interior. El retratado posa, elegantemente vestido, mientras fuma un cigarro. Un piano, una guitarra y una paleta con los pinceles, aluden, respectivamente, a su afición musical y a su dedicación a la pintura. El interior tiene cierta complejidad pues la estancia principal, decorada por un gran tapiz, de abocetada resolución, se abre a otra, al fondo, por la que entra otro haz de luz.

A su vez, Soriano Murillo realizó un retrato de Raimundo de Madrazo, a juzgar por una anotación de Federico de Madrazo que indica que el 12 de noviembre de 1863, después de almorzar en su casa, Murillo trabajó “en su estudio de la cabeza de Raimundo” (Diario ms. de Federico de Madrazo. Propiedad: herederos del artista). Éste, residente en París desde principios de 1862, estuvo unos meses en Madrid en 1863. También volvieron a coincidir, en París, en mayo de 1865 y de nuevo en Madrid, durante una estancia más larga de Raimundo de Madrazo entre noviembre de 1867 y abril de 1868.

La obra es un buen ejemplo de la pintura de la primera época de Raimundo de Madrazo. A la influencia de su padre, se suma ya el conocimiento de la pintura francesa de su época, si bien el carácter del retrato es marcadamente español. Aunque no está fechado, parece haber sido pintado a mediados de la década de 1860, y resulta muy superior en entidad y carácter a otros retratos que realizó en ese período. La elegancia del efigiado anticipa la principal característica de los retratos masculinos de madurez del pintor,como el de Ramón de Errazu de 1879 que conserva el Museo, obra maestra de su autor. Por otra parte, a pesar de que el conjunto de pinturas de Raimundo de Madrazo en el Prado es nutrido y de calidad, faltaba en él una obra importante de este período inicial, del que el Museo conserva, además de El Rey Ataúlfo, pintado en 1858 (cat.p-6093) y perteneciente a la Serie Cronológica de los Reyes de España, el citado retrato de El pintor Juan Rivas y Ortiz (cat.p-6622), de menores dimensiones.

El Museo conserva otro retrato de Soriano Murillo por Federico de Madrazo (cat. p-7641) de busto, y de menores dimensiones, fechado en 1855. El propio Federico retrató de nuevo a su íntimo amigo y colaborador siete años después, con ocasión de su casamiento. — Javier Barón.

Procedencia

Carlos Escrivá de Romaní, Madrid; Comercio, Madrid; Subasta Arte. Información y Gestión, Sevilla, 25 de noviembre de 2004, lote nº 346.

Bibliografía

General: C. González López y M. Martí Ayxelá, Raimundo de Madrazo, un pintor español en París, Zaragoza, 1996.

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