Veinte cartas autógrafas (1777-98), de Francisco de Goya

El Museo Nacional del Prado ha recibido un lote importante de cartas de Francisco de Goya a Martín Zapater (1746-1803), su amigo de infancia en Zaragoza, adquirido por el Estado recientemente en Madrid, en subasta pública. Con ello se completa en el Museo, depositario de la obra más numerosa y rica de Goya en todas sus facetas, esa importante correspondencia del artista, que a partir de ahora guardará casi en su totalidad el Prado.

En la actualidad, el Museo posee ya 58 cartas a Zapater adquiridas, en 1975, a la Marquesa de Casa Riera, herencia de su padre, el Marqués de Casa Torres. De esa herencia, dividida con su hermano, que heredó el título del padre, procede el lote que ingresa ahora en el Prado: 19 cartas dirigidas a Zapater y una a su tía, Doña Joaquina Alduy. Otras 41 cartas, de la colección Rodríguez Moñino, fueron ya compradas por el Prado en el año 2000. Hay varias cartas de Goya a Zapater en colecciones públicas españolas y extranjeras, como en el Museo Lázaro Galdiano (2), el Museo de Bellas Artes de Zaragoza (1), la Hispanic Society de Nueva York (1), más varias publicadas de antiguo en monografías sobre Goya, citadas en colecciones particulares, ahora en paradero desconocido.

La correspondencia de Goya a Zapater es esencial para el conocimiento del artista. No sólo por las numerosas cuestiones de carácter biográfico que aparecen en ella, fechadas entre 1775 y 1799, los años del ascenso de Goya en la Corte, hasta su nombramiento como Primer Pintor de Cámara, sino por revelar con veracidad absoluta, sin disimulo ni reservas, el carácter y la personalidad de Goya.

Las veinte cartas que ahora ingresan en el Prado, publicadas en varias ocasiones y por ello bien conocidas de quienes se ocupan de Goya e, incluso, del público interesado en la materia, completan uno de los conjuntos documentales más importantes que se conservan del artista, cuya biografía no está, a pesar de lo que pueda creerse, sobrada de datos rigurosos. El valor de los originales en el caso de Goya es, por otra parte, fundamental, ya que, desgraciadamente, algunos de los documentos relativos a su vida y su trabajo, publicados de antiguo, no se pueden localizar en la actualidad, poniendo en duda por tanto las noticias que aparecen en ellos. Estas últimas cartas de Goya son, además, de su mano, ya que en algunas ocasiones, las que han llegado hasta nosotros, están escritas por un escribano. La grafía especial del artista, la forma tan gráfica y visual con la que expresa sus ideas, así como algún que otro dibujo ilustrativo las hace doblemente importantes para determinar su modo personal y único de utilizar el espacio, similar al de sus pinturas originales, aguafuertes y dibujos. Son, sin duda, piedra de toque fundamental también para el conocimiento y precisión del arte de Goya.

Las veinte cartas ahora adquiridas encajan cronológicamente dentro del conjunto conocido y, por tanto, de las que ya posee el Prado, completando las noticias de todas ellas. Hay un grupo de cartas tempranas, entre la que se cuenta la carta fechada el 22 de enero de 1777, que es en la actualidad la primera conservada, ya que la del 6 de septiembre de 1775, publicada desde el siglo XIX parcialmente, está perdida o en paradero desconocido. Coincide la de enero de 1777 con el momento del regreso a Italia de Mengs, que tanto favoreció a Goya en sus inicios, y cuando el artista estaba enfrascado en la preparación de los cartones para los tapices del comedor de los Príncipes de Asturias en el Palacio del Pardo, con escenas tan fundamentales como El quitasol, La riña en la Venta Nueva, La cometa o Baile a orillas del Manzanares (cat. p-773, p-770, p-774, p-769).

La noticia de mayor interés de la carta, por su relación con la pintura y sus procedimientos, es el comentario que hace Goya sobre la solicitud de su cuñado, Fray Manuel Bayeu, cartujo y también pintor, de que le enviara ideas para sus propias obras: “…ay te remito los apuntes que creo que es eso lo que me pidió Clemente y dile que mis demasiadas ocupaciones no me permiten mas y que es muy odioso el inventar para otro, a mas que Fray Manuel no necesita que otro le inbente…”. Otras cartas dan noticias del nacimiento de sus hijos: “Ya a parido la Pepa, gracias a Dios, un muchacho muy guapo” (23-viii-1780). Son de interés las referidas a una de las grandes aficiones del artista, la caza, con comentarios sobre los perros, las escopetas, las piezas cobradas, de lo que da idea este comentario: “Hoy me boy a probar el Gitano tres leguas de aquí para tres dias, a unas casas y posesiones de los padres del Escorial, que dicen que ay mucha caza. Ya te escrivire las resultas” (10-v-1785). El amor de Goya a Zaragoza se manifiesta muchas veces, con frases como: “Te estime mucho los turrones pues si no son de Zaragoza, le parece a uno que no son tan buenos como los que se benden aquí, aunque aquí sean mejores”.

Através de estas 19 cartas a Zapater se puede ver cómo iba creciendo en importancia la carrera de Goya. En la primera, citada más arriba, del 6 de junio de 1777, hablaba ya de sus “demasiadas ocupaciones”, justo cuando iniciaba su trabajo al servicio del Rey. El 23 de noviembre de 1782, concluido el cuadro de La predicación de San Bernardino de Siena, para la nueva Basílica de San Francisco el Grande, se quejaba de la escasez de trabajo, debida, sin duda, a sus desavenencias con su cuñado, Francisco Bayeu, que le había protegido hasta entonces, a raíz del rechazo de sus frescos en la Basílica del Pilar, en 1781: “…te aseguro que como no me pag[u]en el cuadro y salgan algunos otros quehaceres me precisará á reducirme de casa, de criado y de todo por higual, para poder llebar el gasto de los mios…”. De ese período difícil salió Goya con el apoyo del Conde de Florida Blanca: “Aunque, me a encargado el Conde Florida Blanca que no diga nada, lo sabe mi muger y quiero que tu lo sepas solo y es que le he de hacer su retrato cosa que me puede baler mucho, á este Señor le debo tanto, que esta tarde me he estado con su Señoría dos oras después que ha comido, que a benido a comer a Madrid” (carta de 22 de enero de 1783). Afines de ese decenio, la situación de Goya era boyante. Cuadros religiosos, cartones para tapices y retratos, Pintor del Rey, y Teniente Director de Pintura de la Academia de San Fernando le hacen decir a Zapater: “Amigo trabajo mucho ya cuasi nada me divierto” (28-11-1787). Su trabajo se reflejaba en su posición. El 25 de abril de ese mismo año de 1787 le comentaba a Zapater: “En cuanto a la chacota que te gastas de que tengo los doblonazos florecidos todos los que tengo estan a tu disposición y cuanto tengo… en fin si trabajo para el pu-blico bien puedo mantener la berlina para conservarme…”.

Quizá la carta más interesante sea la que se ha situado, por las noticias que dice en ella, a fines de diciembre de 1797. Goya agradece a Zapater, con un grupo de amigos con los que ha pasado la Nochebuena, los “esquisitos manjares, delicados Vinos y suavísimos licores, con que de orden suia henos celebrado las felicidades”. Exclamaciones, alegría infinita, a pesar de su sordera, manifiestan su personalidad extrovertida y su amistad: “…la alegría casi a pasado a ser inmoderada, ¡que brindis! Que repetición de botellas! Que cafee que plus cafee!; que botellas! que copas por el aire! …solo se oian las alegres voces de viva Zapater, que excelente hombre, que buen Amigo… un recado del mismo Señor que ha dado el convite, nos tiene prebenido el Balcon sobre la villa para que nos divertamos, y descansemos de las fatigas de la celevridad”.

La personalidad de Goya queda patente en esta carta llena de expresiones de amistad y de su cálida respuesta al amigo. En otras, se ve su deseo de libertad, de poseer tierras y dedicarse a las cosas que le gustan, a la caza, a estar con sus amigos a disfrutar de sus hijos. A veces, aparecen cuestiones políticas, nunca de la mayor relevancia. En otras ocasiones, su agudo sentido del humor revela punzante lo que piensa de sus semejantes, como hacía en su pintura, en sus dibujos o en sus aguafuertes: “…ya, ya, ya, no temo a Brujas, duendes, fantasmas, valentones Gigantes, follones, malandrines, etc. ni ninguna clase de cuerpos temo sino a los humanos…”. — Manuela B. Mena Marqués.

Procedencia

Colección Casa Torres; Subastas Alcalá,Madrid, 5 y 6 de mayo 2004, lote nº 413.

Bibliografía

M.Águeda, y X. de Salas, Cartas a Martín Zapater. Francisco de Goya, Istmo, Madrid, 2003.

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