El poco tiempo que esta obra permaneció en el retablo de la Catedral de Palencia favoreció la conservación de la superficie pictórica. Tanto es así, que se puede considerar excepcional, si se compara con otras muchas pinturas de la época. La radiografía confirma que las pérdidas son mínimas y están concentradas en la zona de la junta horizontal que une el segundo y tercero (desde abajo) de los cinco tableros que forman el soporte, pasando por la cara de la Magdalena. Hay alguna otra pérdida mínima en torno a los espiches de madera, fijados sobre cuatro travesaños verticales que unían los tableros en origen. El grosor original del soporte ha sido rebajado a un centímetro aproximadamente y se le ha aplicado al reverso un engatillado (elementos de madera para reforzar la estructura física de la obra), una práctica muy común en el tratamiento de tablas a mediados del siglo XX, en que se llevó a efecto éste. Afortunadamente, el engatillado no ejerce tensiones, al amoldarse a la ligera curvatura que presenta la tabla, y no es necesario quitarlo.

Gracias a los infrarrojos se puede ver el dibujo subyacente característico de Juan de Flandes y de esta etapa de su actividad —más grueso que en las obras que hizo cuando fue pintor de corte— y, como es habitual en él, abundante pero no homogéneo. Se perciben cambios de composición respecto a la obra acabada, algunos ya señalados como el portaesponjas y los dos jinetes del cortejo dibujados a la izquierda de la tabla, que no pasó a la fase del color. Digno de destacar es también el cambio efectuado en el soldado de espaldas que, en el dibujo, tenía la espada colocada en dirección contraria, ocupando el espacio existente a la izquierda, y que en superficie se dispuso trazando una diagonal opuesta a la anterior, en el espacio ocupado por el soldado que, con el plano vertical que diseña su cuerpo, neutraliza el oblicuo que dibuja la espada. No menos significativo es el efecto conseguido con el paño de pureza de Cristo que primero estaba dibujado más arriba y sobresalía en el lado derecho del cuerpo de Jesús y, aunque lo pasó a la fase del color, el cambio efectuado después permite destacar mejor la vertical que diseña su cuerpo.

 
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