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La Presentación en el Templo, de Camillo Procaccini

Se trata de una pintura procedente de colecciones históricas españolas y que hasta ahora se consideraba perdida. Efectivamente, formó parte de la galería de los Marqueses de Villafranca, donde la vio Antonio Ponz en el último cuarto del siglo XVIII. Posteriormente aparece en la colección de José de Madrazo, con las mismas medidas que ahora mantiene y con una descripción que no deja lugar a dudas:

“240. La presentación del Hijo de Dios en el templo. El Pontífice, acompañado de otros sacerdotes, tiene en sus brazos al Niño Dios delante del altar, y la Virgen y San José, arrodillados delante de él, ofrecen las dos tórtolas. A la derecha, en primer térm.ino, hay un levita con un cirio encendido en la mano. (Figuras del tamaño natural.)”.

Camillo Procaccini (c. 1555-1629), aunque originario de Bolonia, es considerado pintor de la escuela lombarda, a cuya capital se trasladó en 1585. Educado con su padre, Ercole, está documentada su presencia en Roma en fecha próxima a 1580, donde estudió atentamente la pintura de Taddeo Zuccaro, por el que profesó sincera admiración. A su vuelta a Bolonia decoró el ábside de San Clemente, en el Colegio de España, cuyos frescos (desaparecidos) constituyen una reflexión sobre la pintura centro italiana de mediados del siglo XVI. En etapas posteriores de su carrera estudió en Parma los frescos de Correggio, a los que se unió también la influencia de Pellegrino Tibaldi y, en casos excepcionales, se advierten elementos de las nuevas corrientes artísticas entonces representadas por Annibale Carracci, cuyo orden espacial, más claro y sobrio, puede adivinarse en alguna de sus composiciones. La mayor parte de su carrera discurrió en Lombardía, llevando a cabo importantes obras en la Catedral de Milán (1592-1600) y en diversas iglesias y conventos, realizadas tanto al fresco como al óleo. Durante estos años desarrolló también una corta pero importante carrera como grabador. Su estilo quedó fijado en torno a 1600 y el éxito alcanzado en vida provocó la repetición monótona de las fórmulas desarrolladas con anterioridad.

La pintura muestra el momento en que el Niño fue llevado a Jerusalén para su presentación en Templo. Allí, Simeón, su anciano sacerdote, lo bendijo, profetizando su futuro y señalando su naturaleza divina. La Virgen, siguiendo la tradición entrega dos palomas blancas (Lc, 2, 22). Se trata de una obra ambiciosa, de gran formato y considerable número de figuras, con rostros y actitudes estandarizadas y poco expresivas. — Andrés Úbeda

Procedencia

Mercado anticuario de Madrid (Procaccini, S.L.)

Bibliografía

Catálogo de la Galería de cuadros del Excmo. Sr. D. José de Madrazo, primer Pintor de Cámara de S.M.C, Director de su Real Museo de Pintura y Escultura, é individuo de las Academias de Nobles Artes de Madrid, Roma, Dresde, S. Petersburgo y Nápoles, etc., Madrid, 1856, p. 59; A. E. Pérez Sánchez, Pintura italiana del s. XVII en España, Madrid, Fundación Valdecilla, 1965, p. 360.

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